Cuatro tumbas separan a Dominic y Ian Gael

Ambos niños, a pesar de sus diferentes realidades, comparten un destino trágico en el panteón Sagrado Corazón de Jesús.

Por: Carolina Salomón

Apenas cuatro tumbas los separan en el panteón Sagrado Corazón de Jesús, en la colonia Estancias. Ahí descansan Ian Gael Hernández Guel, de apenas 6 años de edad, y Dominic Alejandro Barrientos Pérez, de 9 años. Dos niños, dos historias completamente distintas, pero unidos por un mismo destino y por la tragedia.

En una lápida se lee el nombre de Ian Gael. En la otra, el de Dominic Alejandro. Entre ambas, solo unos metros de tierra marcan la distancia física de dos infancias que transcurrieron en mundos opuestos.

Gael tuvo una familia presente, un hogar amoroso y la oportunidad de asistir a la escuela. Era el pequeño que acudía cada mañana al Jardín de Niños María Elena Chanes donde encontró amigos, maestras y un entorno de cariño.

Su muerte, ocurrida dentro del plantel en un accidente en el área de juegos, conmocionó a toda la comunidad y trascendió a nivel nacional. Su despedida estuvo llena de globos blancos, aplausos, lágrimas y homenajes.

Dominic, en cambio, creció en medio de la pobreza, las omisiones y la desintegración familiar. Nunca pudo asistir a la escuela. No conoció la estabilidad de un hogar ni el acompañamiento constante de unos padres presentes. Hasta antes de morir, prácticamente era un niño invisible para muchos.

El domingo pasado perdió la vida tras ser atropellado sobre la avenida Las Torres, a la altura de la colonia Tierra y Libertad, donde vivía. Incluso después de su muerte, su historia apenas comenzó a conocerse. Fue registrado oficialmente hasta entonces, y su despedida ocurrió en silencio, acompañado por menos de 30 personas.

Mientras Gael recibió homenajes y mensajes de despedida, Dominic fue sepultado casi en el anonimato. Sin embargo, ambos terminaron en el mismo panteón municipal, al norte de la ciudad, separados únicamente por cuatro tumbas.

La muerte los reunió en un mismo lugar, aunque en vida las diferencias entre ambos fueron profundas: uno rodeado de amor y cuidados; el otro marcado por la ausencia, la marginación y el abandono.

Hoy, en medio de las cruces y el silencio del camposanto, sus nombres descansan uno cerca del otro, recordando dos realidades distintas que conviven en una misma ciudad.

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