Cuatro meses después de la pérdida, Javier Serrato sigue recordando a su esposa con cariño y nostalgia.
Por: Carolina Salomón
Hay amores que no terminan con la muerte. Se quedan en las canciones, en las costumbres que compartieron y en esos lugares donde alguna vez fueron felices. Para Javier Serrato, de 76 años, el amor por María Esther Neira sigue intacto, aunque hace cuatro meses tuvo que despedirse de ella.
Este Día de Muertos, mientras la música sonaba a un volumen alto, Javier recordó a la mujer que fue su compañera durante 55 años. Su ausencia todavía le duele, pero también le provoca sonrisas al traer a la memoria las ocurrencias y los momentos que compartieron. «Nomás me aguantó 55 años», expresó con nostalgia. Después se llevó una mano al pecho y, con la voz cargada de sentimiento, repitió: «Me duele, me duele», mientras hacía lo posible por contener las lágrimas.
María Esther falleció el pasado 2 de julio, a consecuencia de complicaciones en el hígado. Su esposo recuerda que consumía muchos medicamentos y que su partida llegó cuando faltaba apenas un mes para que cumpliera 72 años. Han pasado cuatro meses, pero Javier todavía habla de ella como si pudiera escucharla. La música, que tanto alegraba la casa, se ha convertido en una de las formas de sentirla cerca.
Recuerdos musicales de María Esther NeiraDurante buena parte del día, María Esther acostumbraba pedir canciones y disfrutar de ellas. A Javier le viene a la memoria aquella mujer que, entre melodías, soltaba sus característicos gritos mexicanos. «Mi señora se va a aventar unos gritotes ahorita», recordó, imaginando por un instante que volvería a escucharla. También contó que ella le decía: «Ponme esa chingadera», cuando quería que pusiera una memoria conectada a una bocina con la música que tanto disfrutaba.
Con una mezcla de tristeza y cariño, Javier recuerda esas pequeñas escenas que hoy tienen un valor distinto. Lo que antes era una costumbre cotidiana ahora se ha convertido en un recuerdo que atesora. De los 55 años que permanecieron juntos nacieron cuatro hijos, quienes, esperaba, acudieran durante la tarde-noche a visitar la tumba de su madre.
La ausencia de María Esther en el hogarLa casa ya no es la misma sin María Esther. Tampoco lo son las canciones, aunque Javier procura mantenerlas sonando, como cuando ella estaba ahí para disfrutarlas. Y mientras otros llegan al panteón con flores y recuerdos, él mantiene viva su propia manera de acompañarla: hablar de ella, escuchar la música que le gustaba y volver a contar las historias de una vida compartida. Porque para Javier, cuatro meses no han sido suficientes para acostumbrarse a su ausencia. Después de 55 años juntos, todavía hay mucho amor que contarle.