Por: Azucena Tenorio
El taller de Historia Regional presentó la conferencia “La guerra de las Vírgenes”, tratada sobre un enfrentamiento entre los insurgentes y realistas que enfrentó a dos de las figuras más arraigadas del catolicismo: la Virgen de Guadalupe y la Virgen de los Remedios, estuvo a cargo de Juan Blackaller Granada.
En punto de las 10:30 de la mañana, el tercer cronista de Monclova reunió otros compañeros del Colegio de Investigaciones Históricas del Centro de Coahuila en la Sala 3 del Museo Coahuila y Texas, el tema a tratar era: La guerra de las Vírgenes.
Asistieron miembros del Taller de Historia Regional y ciudadanía en general.
La diferencia de ideales en las guerras civiles suelen separar a familiares, amigos, vecinos e incluso a los creyentes de una misma religión. Eso fue lo que pasó con el movimiento de Independencia que dio lugar al nacimiento de México, tuvo lugar de 1810 a 1821.
En la época colonial, dos grupos sociales novohispanos se encontraban representados de forma indirecta en dos vírgenes de la religión católica. Por un lado estaba la Virgen de los Remedios a la que rendían culto los españoles y criollos, y que parecía cobijar a los más favorecidos. Por el otro estaba la Virgen de Guadalupe, que intercedía por los más oprimidos.
Los fieles normalmente recurrían a la Virgen de los Remedios, su imagen era llevada por la Calzada México-Tacuba desde su templo, ubicado en el exterior de la ciudad, hasta la catedral de la Ciudad de México, en medio de suntuosas procesiones donde participaban tanto las autoridades eclesiásticas como civiles.
Los cronistas llevaron una copia del acta de Independencia de México.
Sin embargo, cuando había alguna calamidad o desastre que no se solucionaba con el amparo de la Virgen de los Remedios, se recurría como recurso final a la imagen Guadalupana. Cuando las cosas volvían a la calma, la Virgen de Guadalupe nuevamente volvía a ser relegada. Esta distinción incluso se reflejaba en la fisonomía de ambas figuras -una blanca y con rasgos europeos, la otra de tez morena y facciones indígenas- comenzó a crear rivalidad entre sus seguidores.
El culto a la Virgen de Guadalupe realmente tomó fuerza hasta que su imagen se usó para enarbolar el movimiento insurgente que inició el 16 de septiembre de 1810 y que estuvo encabezado por Miguel Hidalgo.
Recordando el “milagro” ocurrido durante el pasaje de la Noche Triste –donde la Virgen de los Remedios se le apareció a Hernán Cortés- y al tanto de que los insurgentes habían vuelto a la Virgen de Guadalupe su símbolo, el virrey Francisco Javier Venegas le otorgó el grado de “Generala”.
Ambas vírgenes pasaron a convertirse en herramientas para difundir y operar los intereses sociopolíticos de uno y otro bando. Tanta importancia adquirieron, que cuando alguno de los bandos se hacía con la imagen de la virgen de los rivales, ésta era enjuiciada, acusada de traición y fusilada.
Hablar de una vencedora resulta estéril, aunque también es cierto que tras esta lucha la Virgen de Guadalupe desplazó, por decirlo así, a la Virgen de los Remedios en la preferencia de los fieles. Esta confrontación trascendió al tiempo y junto al movimiento de Independencia, también sirvió para formar la identidad nacional de México, un país en donde, a pesar del laicismo, tiene en la Virgen de Guadalupe a uno de sus más grandes símbolos.