Por: P. Noel Lozano
Tiempo para afianzar y fortalecer la fe
El periodo de cuaresma no está exento de un cierto aire gris, de una nube tenue que cubre de oscuridad la vida cristiana. Por el contrario, es un periodo de esperanza, un camino hacia la Pascua de Resurrección, donde disponemos estos cuarenta días de preparación, de ayuno, de abstinencia, de caridad, de gracia en la propia vida, para poder celebrar con gozo el misterio central de nuestra fe. Hoy la liturgia nos habla precisamente de la oportunidad que la vida nos brinda para afianzar la fe. Vemos en el libro del Deuteronomio como los israelitas profesan su credo en el templo: “mi padre fue un arameo errante... Dios nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos que tú, Señor, me has dado”. En el Evangelio Jesús responde tres veces a Satanás como reafirmación de lo que cree: “no sólo de pan vive el hombre”, “Al Señor, tu Dios, adorarás y él solo darás culto”, “No tentarás al Señor, tu Dios”. Y la carta a los Romanos que leemos contiene una antigua profesión de la fe cristiana: “Jesús es el Señor”. 1. Jesús afirma la fe. El momento de la tentación es una oportunidad. La tentación es un momento en que las circunstancias inclinan hacia una caída. Jesús hace frente a la tentación afirmando la palabra de Dios. En la primera tentación, material y económica, “dile a esta piedra que se convierta en pan”, Jesús afirma que hay bienes mayores que el alimento, y que el hombre no es sólo un consumidor. En la segunda tentación, una invitación de utilizar medios ilícitos e injustos para ganar el poder y la influencia “todos los reinos de la tierra te daré”, Jesús afirma que solamente el poder de Dios es absoluto “Adorarás al Señor, tu Dios”. En la tercera tentación, Satanás lo provoca, con la Escritura y la religión, a forzar un milagro, y Jesús afirma que nunca se debe poner a Dios a prueba “No tentarás al Señor, tu Dios”.- La fe se fortalece en la tentación. Las tentaciones que Jesús experimenta en este texto del Evangelio son las tentaciones de los israelitas en el desierto y las tentaciones de toda la humanidad. Los israelitas sucumbieron, pero Jesús conquistó las tentaciones y nos permite a nosotros conquistarlas si aceptamos el misterio de la Redención. Nunca antes habíamos tenido tantas oportunidades para demostrar quiénes somos. No es sencillo y cuesta mucho. En este mundo mediático se necesitan verdaderos testimonios de fe. Se necesitan verdaderos testimonios a favor de Dios, a favor del hombre y de su vida misma. Si realmente nos tomamos en serio la fe y la oportunidad que tenemos para reconstruir en nuestro corazón el daño que el pecado y la tibieza de cada día van ocasionando, la cuaresma es el tiempo ideal. La cuaresma nos brinda la oportunidad de dejar atrás lo que no vale la pena y de adoptar como Jesús una postura de claridad, firmeza y lealtad al Creador respecto a lo que somos. 3. La fe nos ayuda a hacer frente a la tentación. Vivimos en una sociedad con el corazón y la conciencia adormilada, sumergida en el trajín de lo cotidiano sin darse la oportunidad de lo extraordinario. Dios, la vivencia de la fe ya no es de interés para el gran público en circunstancias normales. Desafortunadamente Dios y la fe ha quedado para muchos sólo para momentos de emergencia, como botiquín no de primeros sino de últimos auxilios de la vida… tenemos que tener bien claro que somos débiles como cualquier persona. Pero más claro que tenemos gran poder de Dios, y que si confiamos en Él podemos estar seguros que los ataques del tentador, no importa cuan poderosos sean, no pueden derrotarnos. Pidamos todos los días con fe: “no nos dejes caer en la tentación”. Hoy en día el supermercado de la religión y de lo sagrado está lleno de dioses y de ídolos que prometen todo pero no lo cumplen, mucha gente escoge y elige basándose en sus caprichos o gustos. Existen católicos “culturales” que adoran el trabajo, la ciencia y la política más que a Dios. Católicos, por ejemplo, que cuando tienen que defender lo más sagrado como la vida, se dejan encandilar por el tentador con la ansias de comer, de poder y gloria, a costa del asesinato de indefensos… Nunca dejemos de rezar con fe el Padre Nuestro, pidiendo al Señor humildemente “no nos dejes caer en la tentación”.