Para un hombre que crece en una familia de régimen patriarcal es muy difícil ver el valor de una mujer.
Por: Teddy Fuentes
Para un hombre que crece en una familia de régimen patriarcal es muy difícil ver el valor de una mujer, por ello la golpea, la agrede y la menosprecia porque para él no vale nada y es muy difícil cambiar esa mentalidad, lo anterior dijo la titular del Centro de Orientación y Protección a Víctimas de la Violencia Intrafamiliar Sandra De Luna.
“Hay lugares dedicados a buscar un cambio en los hombres violentos, sin embargo pocos de ellos logran hacer este cambio, pues crecieron pensando que su mamá era la “chacha” de la casa y en casa solo se hacía lo que el papá decía, creando un circulo de violencia y machismo en sus vidas, el que en la mayor parte de las ocasiones termina en actos violentos contra la mujer”.
Existen muchos casos de hombres que golpean a sus mujeres y luego se judicializa el caso, se dicen arrepentidos, la mujer los saca de prisión y después reinciden, olvidando el respeto y el amor que supuestamente sentían por ellas porque para muchos varones ese comportamiento es normal y así lo ejercen durante toda su vida.
Sandra de Luna dijo que cuando una persona nació en un entorno violento naturaliza estos actos y más cuando padecieron algún trauma, ya que quien ejerce violencia de género es porque tiene todo un sistema de creencias y de educación que le indicó que la conducta estaba bien y que la mujer es objeto de su pertenencia y como tal debe respetarlo.
Dijo que el hombre violento tiene incapacidad de enfrentarse a sus frustraciones es por eso que se dificulta su capacidad de cambiar, por lo que la mayoría de las veces solo cambian por un tiempo y luego reinciden porque dentro de ellos creen que la conducta violenta contra las mujeres es normal.
En cuanto a la mujer que sufre maltrato, dijo que la mayoría se cree incapacitadas para dejar ese círculo de maltrato, es por ello que se busca trabajar con ellas para enseñarles que pueden salir adelante solas y pueden recuperar sus vidas, pues pocas veces el hombre violento cambia para el bien de ellas mismas.