Con su nueva casa, María de Jesús de la Cruz asegura estabilidad y patrimonio para su familia.
Por: Carolina Salomón
Después de 17 años de trabajo constante y de pagar renta sin faltar un solo mes, María de Jesús de la Cruz por fin vio cumplido el sueño de tener una casa propia.
A sus 59 años, fue una de las beneficiarias del programa Viviendas del Bienestar del Gobierno Federal, y aunque no estuvo en el presídium durante la ceremonia oficial, su emoción era tan grande como la de cualquiera que recibe las llaves de su hogar por primera vez.
Previo al evento de entrega en Colinas de Santiago, María de Jesús observaba con ilusión el lugar donde pronto comenzará una nueva etapa de su vida.
Su casa se encuentra entre las primeras del conjunto habitacional; aunque aún está en proceso de construcción, ya pudo ver cómo quedará. "Me siento bien contenta porque nunca había tenido una casa propia. He trabajado muchos años y nunca se me había dado la oportunidad", expresó con una sonrisa.
Actualmente vive en renta en la colonia Praderas, casas viejas donde paga alrededor de 3 mil pesos mensuales. Durante años habitó viviendas tipo Infonavit, por lo que las dimensiones de la nueva casa no la desaniman. "Sí me gustaron porque siempre he vivido en casas de Infonavit, están casi parecidas. Están pequeñas, pero están cómodas", comentó.
A pesar de escuchar algunos comentarios negativos sobre las viviendas, eso no influyó en su decisión de aceptar el beneficio. Para ella, representan estabilidad y patrimonio.
María de Jesús trabaja desde hace 17 años en Aguillón, tiempo en el que había mantenido la esperanza de algún día contar con un hogar propio. La noticia la tomó por sorpresa cuando recibió una llamada telefónica informándole que había sido seleccionada. "Me quedé sorprendida cuando me dijeron que sí podía obtener la casa", relató. La vivienda tiene un valor cercano a los 580 mil pesos y la pagará mediante descuentos aproximados de 500 pesos por semana.
En ese nuevo hogar vivirá junto a su esposo y su nieta, formando el patrimonio que durante casi dos décadas imaginó. Hoy, María de Jesús no solo recibe una casa: recibe la tranquilidad de saber que el esfuerzo de toda una vida finalmente rindió frutos.