Tragedia en Monclova: hallan un muerto en la Zona Centro

Los comerciantes y transeúntes se detuvieron ante la tragedia, recordando la fragilidad de la vida.

Por: Carolina Salomón

La curiosidad es parte de la condición humana. Caminamos con prisa, concentrados en nuestras propias tareas, hasta que algo rompe la rutina y nos obliga a detenernos.

Entonces el tiempo parece suspenderse, los pasos se frenan y la mirada busca respuestas. No siempre por morbo, a veces por una necesidad silenciosa de comprender lo que ocurre.

Así sucedió este día en la calle Miguel Hidalgo, en la Zona Centro de Monclova. La noticia corrió más rápido que cualquier voz: había un muerto.

Los comerciantes dejaron a medias sus ventas, los trabajadores se asomaron desde los locales y quienes transitaban por la banqueta redujeron el paso hasta quedarse inmóviles. Nadie decía mucho; bastaba con mirar.

Rostros distintos, edades diversas, gestos contenidos. Todos con la vista fija en un mismo punto. En el suelo, el cuerpo de un hombre adulto, inmóvil, sin signos vitales.

Solo la música de fondo de algún establecimiento rompía la escena, sonando ajena al hecho, y entre los grupos de personas se escuchaban preguntas como ¿de qué murió y quién era?

Las tragedias tienen ese efecto y nos recuerdan lo frágil que puede ser la vida. En ese instante, el desenlace parecía inevitable, como si el destino ya hubiera marcado el momento y el lugar.

 

Mientras las autoridades realizaban su labor, la calle Miguel Hidalgo se convirtió en un punto de reflexión involuntaria.

Quienes observaban no sabían ni quién había sido en vida ese hombre. Aun así, su muerte los confrontó con la realidad: la vida puede terminar en cualquier momento.

Ante la tragedia, mirar también es una forma de entender, de reflexionar y, quizá, de recordar que nadie está exento de convertirse, algún día, en noticia.

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