Óscar Ramírez es encontrado tras 10 años de vivir en la calle en Monclova

Óscar Ramírez, quien vivió en la calle durante 38 años, fue hallado en condiciones extremas por su familia en Monclova. Su historia revela el sufrimiento de muchos indigentes.

Por: Carolina Salomón

Durante 10 años, su familia vivió con el dolor y la incertidumbre de no saber dónde estaba Óscar. Les dijeron que había fallecido, que nadie había reclamado su cuerpo y que, como ocurrió con otros indigentes que han muerto en Monclova, había terminado en una fosa común.

Pero Óscar estaba vivo.

Tenía 55 años cuando su familia volvió a encontrarlo, después de una década sin saber de él. Lo hallaron en condiciones que estremecieron a quienes lo conocían: en extrema indigencia, con la ropa desgarrada, el cabello y la barba largos, las uñas crecidas y sucias, viviendo de la caridad y refugiándose en una casa abandonada de la colonia Primero de Mayo.

Era aquel hombre que estaba todos los días a la vista de todos, pero que parecía invisible para los demás. Permanecía en la puerta de una tienda de conveniencia, ubicada entre la avenida Industrial y el bulevar Harold R. Pape, casi inmóvil, como una estatua, con la mirada fija, de pocas palabras, y que rara vez hablaba con la gente.

Pocos sabían quién era realmente.

Su nombre es Óscar Emilio Ramírez Zapata.

Desde los 16 años comenzó a vivir en la calle. Solía caminar por la prolongación Juárez y frecuentar a sus familiares para después continuar su camino. Hasta que un día ya no regresó.

Su familia lo buscó durante años. Preguntaron por él, intentaron localizarlo y siguieron cualquier pista que pudiera llevarlos hasta su paradero. Pero el tiempo pasó y la esperanza comenzó a convertirse en resignación.

Incluso llegaron a escuchar la peor noticia.

Les dijeron que Óscar había muerto y que, al no ser reclamado, su cuerpo había sido enviado a una fosa común.

Así pasaron los años, hasta que una publicación en redes sociales volvió a abrir una puerta que parecía cerrada para siempre.

Rosmery Ramírez Juárez vio la publicación en la que aparecía su primo Óscar y no tuvo dudas.

Era él.

Ese mismo día fue a buscarlo.

"Llevamos un suero, refrescos y alimento y me vine con una tristeza porque lo vi en muy malas condiciones", recordó Rosmery.

Había algo que la hizo reconocerlo más allá de su aspecto.

Óscar la conocía.

Cuando Rosmery le preguntaba quién era, él enseguida respondía: "Rosa, la de mi tía Tencha".

"Aquel día vi sus ojitos con mucha tristeza y sufrimiento y salí de la casa abandonada en la que estaba viviendo", contó Rosmery.

No pudo contener las lágrimas.

Frente a ella estaba aquel primo al que durante años habían creído muerto. Estaba vivo, pero profundamente deteriorado, alejado de su familia y de la vida que alguna vez tuvo.

Óscar caminaba por la calle prolongación Juárez hasta llegar a la planta 1, refugiándose en viviendas abandonadas de la colonia La Loma, frente a AHMSA. Después terminó en unas tapias de la colonia Primero de Mayo, donde finalmente fue localizado hace 3 meses.

Rosmery decidió no dejarlo nuevamente a su suerte.

Después de publicar que lo había encontrado, la contactó el centro de rehabilitación Vitalis, que le ofreció media beca para que Óscar pudiera ingresar.

Ese mismo día, Rosmery y su esposo fueron por él. También buscó a otros familiares y creó un grupo de WhatsApp. Desde ahí, algunos primos y una hermana de Óscar aportan lo que pueden para cubrir gastos semanales, medicamentos, productos de aseo personal y comida cuando acuden a visitarlo.

Ya han pasado tres meses desde que Óscar ingresó al centro.

El cambio físico es evidente.

Aún no habla, pero intenta hacerlo. Recibe atención para sus manos y otros cuidados. También ha sido atendido por un quiropráctico debido a los problemas que presenta.

Aunque todavía no existe un diagnóstico definitivo, los primeros estudios apuntan a esquizofrenia.

Su historia también está marcada por intentos anteriores de recibir ayuda. Sus padres lo internaron dos veces en Saltillo, en la Clínica CESAME, pero ambos fallecieron y Óscar quedó prácticamente solo.

Hoy, después de 38 años de vivir en la calle, tiene nuevamente un lugar al que llamar refugio.

No todos sus familiares han aceptado que sea él.

Algunos de sus hermanos se han desentendido, argumentando que no puede ser Óscar porque no tiene el lunar que tenía en la barbilla.

Rosmery, sin embargo, no duda.

Para ella, no hace falta aquel lunar para reconocer al hombre que tiene frente a sus ojos. Lo reconoce por su historia, por sus recuerdos y, sobre todo, porque sabe que es el primo que durante años creyó perdido para siempre.

"Y no dejaré de ayudarlo mientras yo viva, primero Dios", afirma.

Ahora Óscar ya no está de pie afuera de una tienda, ni soportando los diferentes cambios de clima, ni caminando sin rumbo, ni buscando dónde pasar la noche.

Está en un lugar donde recibe atención.

Todavía no habla.

Todavía carga con las huellas de casi cuatro décadas en la calle.

Pero después de 10 años de ser dado por muerto, Óscar volvió a aparecer.

Y esta vez, su familia decidió no volver a perderlo.

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