La imagen del traslado de la paciente en camilla ha generado un debate sobre las condiciones del sistema de salud en la región.
Por: Carolina Salomón
Eran las 9:26 de la mañana del jueves cuando la escena rompió la rutina en el Centro de Monclova. Sobre la calle De la Fuente, una camilla avanzaba a empujones. No dentro de un hospital, no entre paredes blancas ni bajo luces quirúrgicas. Era sobre el pavimento, entre el ruido de los motores, los puestos de comida y las miradas detenidas de quienes, por segundos, no comprendían lo que veían.
Tres trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) empujaban con fuerza. Un cuarto corría detrás. Sobre la camilla, una mujer de 29 años, embarazada, conectada a distintos aparatos médicos, con el tiempo encima y el cuerpo anunciando lo inevitable: el parto había comenzado.
La ruta no fue un pasillo clínico. Fue un trayecto improvisado: De la Fuente, luego Guatemala, hasta alcanzar el área de Urgencias de la Clínica 7. Cada metro implicó esquivar peatones, vehículos, baches. Cada segundo contaba.
La escena, captada en video por una periodista del Periódico La Voz, hizo lo que durante años no lograron las quejas administrativas: exhibir, sin filtros, la precariedad estructural de uno de los hospitales más importantes de la Región Centro de Coahuila.
No hubo sirenas. No hubo ambulancia. Hubo prisa, manos firmes y el compromiso de personal médico, camilleros y enfermeros que, fieles a su vocación, corrieron contra todo pronóstico para llevar a la paciente al área obstétrica. Héroes que, con lo que tenían —y no con lo que deberían tener—, sostuvieron dos vidas en tránsito.
En el material audiovisual se observa cómo la camilla es empujada manualmente por la vía pública, sorteando el tránsito cotidiano. La paciente, expuesta a la intemperie, fue ingresada al área de Urgencias. Una postal que remite más a escenarios de crisis que a un sistema de salud en tiempos de normalidad.
Lo ocurrido no es un hecho aislado. Es, en palabras de quienes conocen la operación interna, la evidencia de una "medicina de guerra" ejercida en tiempos de paz.
La Clínica 7 no es ajena a la crítica pública. Durante años, usuarios y trabajadores han señalado deficiencias constantes: elevadores fuera de servicio, saturación en urgencias, equipo insuficiente. Problemas que, lejos de ser nuevos, se han vuelto cotidianos.
Horas después de la difusión del video, el IMSS emitió un comunicado. Informó que la paciente ingresó a las 9:05 horas con trabajo de parto avanzado y que el personal médico inició su atención de inmediato. Según la versión oficial, el traslado se realizaba por la ruta interna del hospital; sin embargo, al llegar al sótano, el elevador se encontraba ocupado por el movimiento de otros pacientes.
La decisión fue inmediata: tomar una ruta alterna. Utilizar la rampa de acceso al área de abastos, salir a la calle y acelerar el ingreso al área obstétrica.
El resultado, asegura la institución, fue favorable. La madre y el bebé se encuentran bien.
Pero la imagen permanece.
Porque más allá del desenlace clínico, lo que quedó registrado es otra cosa: una camilla rodando sobre el asfalto, un equipo médico corriendo entre autos y una paciente a punto de parir en medio de la exposición pública.
Es la estampa de un sistema que resiste con esfuerzo humano lo que no sostiene con infraestructura.