Por: Teddy Fuentes
La mayoría de los agresores creen que lo que hacen está bien, no les preocupa lo que la sociedad piense de ellos y se suicidan al momento en que la mujer decide dejarlos y no pueden ejercer más violencia en contra de ellas, por lo que su vida deja de tener sentido, dijo Sandra de Luna, titular del Coprovvi.
Los agresores primero cometen el último acto de violencia en contra de su mujer para después matarse no por el temor a las autoridades sino por sentir que pierden el control en contra de la mujer con quien han ejercido violencia gran parte de la vida.
Dijo que ellos centran su universo en un sistema de control contra las mujeres, por eso cuando ella amenaza con dejarlos y terminar la relación, ellos piensan que se les sale de las manos el control en contra de ellas y las agreden con tal fiereza para terminar con su vida, pero al no lograrlo se matan ellos ante el temor de perder el control.
“El control o el dominio que tiene sobre la mujer es donde gira la vida del agresor, está comprobado con estudios psicológicos y antropológicos que el suicidio de un agresor machista es el acto extremo al que recurre el victimario muchas de las veces no para evadir la sanción legal y social ya que el 30% de los agresores matan a la mujer después que ella decide abandonarlos”.
Explicó que al dejarlos la mujer, ellos pierden el control lo que precipita muchos de los casos de feminicidios, ya que se creen legitimados para someter, aterrorizar humillar y seguir dominado a su mujer, pues ellos son agresores sistemáticos, no tiene temor al juicio social ni a la cárcel y se suicidan por que la vida ha dejado de tener sentido para ellos sin la dominación de la mujer, a lo que se le llama un suicidio machista.