El enfrentamiento con la fuerza pública dejó heridos y detenidos entre los trabajadores que buscan justicia.
Por: Adriana Cruz
CASTAÑOS, COAHUILA.— El asfalto de la Carretera 57 no solo quemaba por el sol de las nueve de la mañana; ardía por la rabia acumulada de casi cuatro años.
Ahí, donde el desierto de Coahuila se parte a la mitad por el tráfico federal, un grupo de hombres con el rostro curtido por el calor de la fundición decidió que ya no había más que perder.
El hambre, dicen, no sabe de leyes, pero este lunes aprendió de golpes.
Lo que comenzó como un muro humano de ex obreros de Altos Hornos de México (AHMSA) exigiendo justicia, terminó en un campo de batalla.
La consigna era clara: "Que nos escuche la Presidenta". Pero en lugar de la voz de Claudia Sheinbaum, lo que llegó fue el estruendo de los escudos y el siseo del gas lacrimógeno.
A las 10:30 de la mañana, la diplomacia se evaporó. El diálogo, esa moneda desgastada que las autoridades han intentado usar durante meses, no alcanzó para comprar más paciencia.
La orden de liberación vial se ejecutó con la frialdad del acero que alguna vez forjaron estos mismos hombres.
De pronto, el aire se volvió irrespirable. Las piedras volaron de un lado; el gas respondió del otro. Entre el caos, el crujir de las botas sobre la grava y los gritos de auxilio, la dignidad obrera se enfrentó cuerpo a cuerpo con la fuerza pública.
El saldo no se cuenta solo en horas de tráfico detenido, sino en carne viva: un trabajador con la ceja partida por un proyectil, otros con el abdomen amoratado y nueve compañeros cuyos nombres pasaron de las nóminas de AHMSA a las celdas del Ministerio Público.
Julián Torres Ávalos, portavoz de la resistencia, no hablaba con la calma del líder sindical de oficina, sino con la frustración del hombre que ha visto su patrimonio desmoronarse bajo la sombra de Alonso Ancira.
"El verdadero culpable nos robó nuestra terminación", soltó Julián, con la voz todavía agitada por el enfrentamiento. "Hoy nos tocó enfrentarnos con los cuerpos de seguridad; somos gente mayor buscando justicia, pero no nos vamos a doblar".
Para ellos, el concurso mercantil no es un proceso jurídico; es un reloj de arena que se les está terminando. Cada segundo que el expediente de AHMSA duerme en un escritorio de la Ciudad de México, es un segundo más de precariedad en los hogares de Monclova y Castaños.
La tregua del miedoPara el mediodía, el bloqueo se había disuelto, pero el aire en Castaños seguía pesado. Los obreros se retiraron con las manos vacías y los bolsillos, según denunciaron, aún más ligeros tras el reporte de celulares y pertenencias desaparecidas en el forcejeo.
Hay una comunicación abierta con representantes de Gobernación para liberar a los detenidos, pero la herida quedó abierta. No es solo la herida en la ceja del compañero lesionado; es la grieta social que se ensancha cada vez que la fuerza pública sustituye a la solución laboral.
La carretera está libre, pero el conflicto sigue ahí, agazapado. El próximo miércoles volverán a reunirse.