Un pulmón perforado durante un procedimiento truncó la vida de Ángel, estudiante de FIME

La comunidad de FIME Monclova lamenta la pérdida de un estudiante ejemplar, conocido por su dedicación y responsabilidad.

Por: Carolina Salomón

Un pulmón perforado durante un procedimiento truncó la vida de Ángel Daniel González Ortiz. Lo que comenzó como una hospitalización para atender complicaciones de la diabetes terminó arrebatándole la vida a un joven de apenas 19 años que soñaba con graduarse de ingeniero, formar una familia y sacar adelante a los suyos.

Hoy, en lugar de verlo regresar a clases, su familia lo despide entre lágrimas. "Era muy estudioso, mijo...", alcanza a decir Brenda Gabriela Ortiz antes de romper en llanto. Su voz se apaga mientras abraza a un familiar que se encontraba al lado de ella. El dolor no le permite continuar.

Ángel cursaba el cuarto semestre de Ingeniería Mecánica Electricista, sección "C", en la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (FIME). Además de estudiar, trabajaba en un restaurante KFC. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un muchacho responsable, sin vicios, dedicado a su familia y profundamente enamorado de su novia, con quien soñaba construir un futuro.

Desde los 11 años padecía diabetes. Hace un mes ingresó a la Clínica 7 del IMSS para recibir atención médica, sin imaginar que de ese hospital ya no volvería con vida. Su madre relata que el 2 de junio los médicos le informaron que sería necesario colocarle un catéter central. Antes del procedimiento le pidieron firmar un consentimiento donde se advertía que existía el riesgo de lesionar algún órgano e incluso que el paciente pudiera quedar en coma.

"Nunca imaginé que terminarían perforándole un pulmón", recuerda. Después del procedimiento, la condición del joven cambió por completo. "Mi hijo ya no podía respirar. Lo entubaron. Estaba luchando por vivir, pero ya no pudo más. Terminó falleciendo por un paro respiratorio", narra entre lágrimas.

Aunque el desenlace le arrebató a su único hijo varón, Brenda afirma que no considera que existiera negligencia médica, pues entiende que el consentimiento informado contemplaba los riesgos del procedimiento. El dolor, sin embargo, permanece intacto. Recuerda que Ángel había enfrentado problemas de salud desde la infancia. Cuando era niño sufrió un accidente en bicicleta que le provocó un coágulo de sangre en la cabeza y fue operado en Monterrey. Ella cree que aquel episodio marcó su vida y que tiempo después apareció la diabetes con la que aprendió a vivir durante años.

Pero nunca permitió que la enfermedad definiera su futuro. Estudiaba Ingeniería Mecánica Electricista porque quería convertirse en profesionista. Trabajaba para salir adelante. Soñaba con casarse con su novia, y cuidar de su madre Brenda, y a su hermana de nueve años, y ver a su padre Héctor Daniel González. Ese proyecto de vida terminó dentro de una sala de hospital.

La noticia de su fallecimiento sacudió a la comunidad de FIME Monclova. La institución publicó una esquela en su página oficial de Facebook para expresar su pesar por la muerte del estudiante. Compañeros, maestros y amigos acudieron al funeral para despedir al joven que siempre destacó por su disciplina, su sencillez y sus ganas de superarse.

Hoy, donde antes había cuadernos, proyectos universitarios y planes de graduación, quedan fotografías, recuerdos y un profundo vacío. Porque Ángel no perdió únicamente una batalla contra una enfermedad. Su historia cambió el día en que un procedimiento médico terminó perforándole un pulmón, apagando la vida de un joven que apenas comenzaba a escribir su futuro.

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