Una historia de algunas mujeres que marcan con su fuerza el paso de la vida
Por: Teddy Fuentes
La fortaleza es nuestra primordial arma de trabajo, pues ante la pandemia que estamos viviendo debemos de poder mantenernos firmes, sin temor, sin mostrar angustia, pero al mismo tiempo dando una cara humana a quien llega con sus familiares enfermemos de gravedad, a quienes tenemos que brindar en ocasiones una mano amable para evitar que se derrumben, dejando en nosotros el dolor y la frustración de no poder actuar con los recursos limitados que tenemos, esa es la labor de una Enfermera en tiempos de pandemia.
Yazmín Solís Hernández es una enfermera que ha tenido que enfrentar la pandemia con gran valentía, ya que además de atender a los pacientes, tiene que dejar de lado la dureza de su profesión, para llegar a su casa y ser la esposa y madre de familia quien aun en tiempos difíciles, debe dar amor y comprensión a los suyos.
“Ser mujer no es fácil, sobre todo cuando eres profesional de la salud y madre de familia, debemos ser buena en todos los aspectos, buscar ser inteligentes, agiles y sobre todo ser fuertes, pacientes y al mismo tiempo ser el rostro humanos que sale a dar la cara tanto en las buenas noticias como en las malas para los familiares de un enfermo”.
Dijo que aunque la pandemia las hiso fuertes, no pueden dejar de lado el temor, la angustia y la desesperación que provoca el ver la pandemia desde el epicentro, ya que para ellas no hay datos inexactos, pues conocen a ciencia cierta los números duros de contagios y fallecidos que este tiempo dejó, siempre mostrando un lado positivo para el bien de sus pacientes.
“Puedo estar agotada, atemorizada, incluso deprimida, pero eso se queda fuera de mi casa, pues ahí me espera otro reto, el dar a mi hijo, esposo y familia, confianza, seguridad, amor y sobre todo mostrarle que siempre vienen cosas buenas, aunque el riesgo esté en nuestra labor, el uniforme y la fortaleza se queda de lado, para cuidar, amar y dar seguridad a los nuestros”.
“El fracaso no es una opción”
Enfermera, mujer y ama de casa.
El perder el miedo y buscar una mejor calidad de vida es un requisito indispensable para ser una mujer emprendedora y al mismo tiempo una madre de familia preocupada y ocupada por el bienestar de mi hija, a quien todo los días le enseño que para llegar a un objetivo tiene que enfocarse y luchar cada día para llegar a la meta.
Anelí es una mujer fuerte, que lo mismo ríe a carcajadas, llora o saca lo más fuerte de ella para cuidar y proteger a su hija, ella es una mujer emprendedora que un día decidió dejar de lado el temor al fracaso para fundar su pastelería “Dulce Extremo” y de ahí poder sacar adelante a su hija quien es su inspiración y su fortaleza.
“El fracaso no es una opción por ello decidí perder el miedo y emprender, hoy puedo decir que mi marca está creciendo y que gracias a mi trabajo mi hija y yo estamos bien, el objetivo y lo que siempre le enseño es ser siempre una mujer de valores, que sale y se prepara para ser feliz, además de cumplir sus metas y llegar a su objetivo por ella misma”.
Mamá de un ángel llamado Valentina.
Aunque siempre se trata a la discapacidad como una limitante, a mí me enseñó a luchar, ser valiente y enfrentar todos mis miedos para sacar adelante a mi hija Ángela Valentina, quien padece hidrocefalia y requiere de cuidados especiales para estar bien.
Karla es una mujer que ha sabido llevar a cuestas ser madre de dos hijas, por quienes mantiene la fe y la fortaleza para salir adelante, aun cuando una de ellas padece una discapacidad que poco a poco va mermando su existencia, sin embargo ella lucha todos los días para sacar a su pequeña Valentina adelante, al ser ella padre y madre a la vez.
“Yo por mis niñas hago todo, Valentina me ha enseñado a amar incondicionalmente y a preservar la fe aunque los médicos sintiéndose dios digan que no hay nada que hacer, sé que mi hija es fuerte, incluso su fortaleza sorprende al ser una pequeña que contra todas las adversidades está aquí como un ángel terrenal lleno de amor y fortaleza”.
Karla Rodríguez es una Mujer y Madre especial, pues todos los días sale a trabajar vendiendo ropa, comidas y realizando labores diversas para que a Valentina no le falte nada, esto acompañada solo de su familia quien ante la falta de valor del padre de la pequeña, no la deja sola y la impulsa todo los días a creer en dios y a esperar con fe un milagro para su pequeña Ángela.