Toda una vida de talabartero

Le tocó hacer mochilas de vaqueta que en antaño se usaban en las escuelas.

Por: Diana Ortiz

Más de 50 años en el oficio de la talabartería desempeña José Ángel “Changel” Sandoval Campos, hoy en día enseña a uno de sus nietos la práctica de esta artesanía.

“Changel” entró a trabajar en la Talabartería Guajardo desde 1971 y hoy en día a sus 72 años aún desempeña el oficio con mucho amor, pues día a día acude a trabajar con entusiasmo.

Indicó que en la talabartería hace monturas, cintos, fundas para celular, fundas para navaja, guarniciones para carretas, estuches para lentes y muchos objetos más “este es un trabajo en el que nunca te aburres, acabas un cinto y sigues con una funda, a eso es lo que nos dedicamos”.

Cuando “Changel” entró a trabajar, el mayordomo de los trabajadores era un señor que se llamaba Alejandro Alarcón, él le enseñó el oficio y recuerda que lo primero que aprendió fue a cocer mochilas de vaqueta que se usaban hace años para ir a la escuela, “aquí las fabricábamos, se nos descocían y las traían a reparar”.

Dijo que empezó poco a poco, le daban trabajo y le decían cómo hacerlo, “ahora nada se me dificulta”.

Añadió que incluso hoy en día él les ha enseñado a muchas personas el oficio recuerda a un hombre de nombre Jorge a quien le enseñó y cuando se fue a trabajar a una empresa, antes de irse le agradeció mucho por lo que aprendió con él.

Y hoy en día, su alumno es su propio nieto, Uziel Chávez quien es contador público y tiene una maestría en contribuciones, pero al no encontrar trabajo le ofrecieron empleo ahí donde su abuelo y desde hace tres meses que aprende el oficio.

“Me siento muy orgulloso de mi nieto, porque aprende muy rápido, este es un oficio muy bonito porque es una artesanía”, comentó.

“Changel” dijo que seguirá laborando en la Talabartería Guajardo hasta que Dios le preste vida y pueda seguir haciéndolo.

A lo largo de su vida, “Changel” con este trabajo sacó a adelante a su familia esposa y tres hijos, hoy en día la vida le regaló también tres nietos y se siente una persona realizada, pero sobre todo, agradecida con la familia Guajardo que le abrieron las puertas hace muchos años y le confían el trabajo diario.

 
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