Un maestro de la vieja guardia

Por: Mónica Meza

Se entregó a su profesión durante 34 años, el maestro Carlos Refugio  Medina Beza disfrutó al máximo su trabajó que le ha dado grandes satisfacciones al saber que colaboró en la educación de cientos de alumnos y que su trabajo de preparación rindió fruto para afrontar la vida.

Hoy será una celebración diferente, pero no será un impedimento para celebrar el Día del Maestro, acompañado solo de su esposa, esperando que pronto termine la contingencia.

En 1977 lo visitó su tía  Martha Beza López de Nueva Rosita Coahuila quien le sugirió que se fuera a estudiar en la Escuela Normal Experimental de San Juan de Sabinas de donde egresó en la primera generación.

Luego de concluir sus estudios, continuó en la Normal Superior de Gómez Palacio Durango en donde estuvo 6 años y egresó con la especialidad en matemáticas, posteriormente a la Universidad Pedagógica Nacional por un lapso de 4 años donde obtuvo una Licenciatura en Educación.

Recuerda cuando llegó a la Primaria Ricardo Flores Magón del Ejido La Cruz, fue su primer día, no faltaron los nervios y otras sensaciones que jamás había sentido y que aunque han pasado más de 30 años no ha olvidado. Llegó a dirección un 2 de septiembre le asignaron el grupo de sexto año y por esa razón también le tocó organizar los honores a la bandera, para entonces una tarea un poco difícil por ser la primera vez.

Pero fue en la Primaria Sara Rendón García donde trabajó 33 años continuos, ahí una de sus alumnas, Norma Villasana, ganó la  Olimpiada del Conocimiento y eso le permitió viajar con ella a la Ciudad de México, una experiencia inolvidable.

Mencionó que un maestro debe estar en constante aprendizaje, desde su inicio hasta los últimos años de ejercer su carrera profesional tuvo grandes cambios y lo mismo pasó con sus alumnos y padres de familia.

Siempre estuvo en cursos, antes era el maestro que quisiera tomarlos, él siempre decidió aprender, aprender y seguir aprendiendo para enriquecer su trabajo, haciendo sugerencias y aplicando los nuevos conocimientos, después surgió la carrera profesional y siguió en capacitación.

Cuando fue niño pasó por muchas necesidades, pero gracias a su preparación logró salir adelante, fue gracias a esto que conoció a  Hilda Aracely Toscano Romero su compañera de vida, de trabajo, del alma.

Procreó a tres hijos a los que les brindó estudio y esa es otra de las satisfacciones que le ha dejado su trabajo, pues tiene un médico; Carlos Alberto, un ingeniero; Jesús Alejandro y un maestro; José Roberto.

“La vida me ha dado tanto hoy el centro de mi universo es mi familia, ahora tengo a mis cinco nietos y falta poco para que llegue el sexto”, señaló.

Hoy en día le da gusto ir por la calle y encontrarse a sus alumnos o escuchar a lo lejos que le gritan ¡Profe! es algo bonito, hoy aunque está entregado a su familia, su profesión no desaparece, pues quedan los recuerdos y todos los buenos resultados.

Los primeros tres meses de jubilación fue un poco difícil, estar acostumbrado a ir a trabajar, ver a sus alumnos, interactuar con sus compañero, todo eso lo extrañaba, pero se fue adecuando, pues todo son etapas en la vida, hoy disfruta de su familia, su esposa, hijos y nietos.

“He soñado que estoy en la escuela dando clases, fueron más de 33 años y es algo que extraño, pero concluyó esa etapa de mi vida que definitivamente es inolvidable”, comentó.

Salir de la versión móvil