Con esfuerzo y disciplina, Yolanda logró controlar su diabetes y cumplir con los requisitos para recibir la prótesis.
Por: Gerardo Martínez
Después de dos años en silla de ruedas tras perder una pierna debido a complicaciones de la diabetes, Yolanda Elizabeth Carmona vuelve a caminar, al recibir una prótesis que representa un cambio total en su vida y le regresa su independencia.
A sus 60 años, Yolanda es una de las 5 personas beneficiadas con el programa de entrega de prótesis que impulsó el Club Rotario, con el que se le dio una nueva oportunidad para volver a caminar.
Mencionó que la amputación fue consecuencia del pie de Charcot, una afección derivada de la diabetes que deformó gravemente su pie y obligó a los médicos a retirarle la extremidad para evitar que la infección avanzara.
Desde entonces, su vida cambió por completo, actividades tan simples como el trasladarse, trabajar o realizar sus labores diarias se volvieron complicadas y dependía constantemente del apoyo de otras personas.
Sin embargo, lejos de rendirse, decidió seguir activa y aferrarse a la idea de salir adelante, con una actitud positiva y confiando en que las cosas mejorarían en un futuro, sin que el tema de su pierna la limitara.
Mientras acudía a terapias de rehabilitación al Centro de Rehabilitación Integral, continuó elaborando pan casero para venderlo entre pacientes y familiares, buscando ayudar en los gastos y mantenerse ocupada.
Con esfuerzo y disciplina, también logró controlar su diabetes, requisito indispensable para poder recibir la prótesis.
Aunque durante mucho tiempo pensó que sería imposible adquirir un aparato por el elevado costo, aseguró que nunca perdió la fe de volver a caminar algún día.
Esa esperanza comenzó a tomar forma, cuando le realizaron las primeras pruebas con la prótesis y consiguió dar nuevamente algunos pasos, ahora, con el aparato adaptado a su cuerpo, confía en recuperar poco a poco su movilidad y volver a valerse por sí misma.
Más allá del apoyo físico, Yolanda considera que la prótesis le devolvió seguridad, ánimo y la posibilidad de volver a disfrutar su vida con mayor libertad.
"Uno puede perder una parte del cuerpo, pero no las ganas de vivir", expresó con emoción mientras avanzaba apoyada en su nueva prótesis.