“La ausencia duele y duele mucho”, expresó el padre del minero que murió en MICARAN.
Por: Teresa Muñoz
EJIDO LA MOTA, (MPIO. DE MÚZQUIZ).- ¡El nunca se olvidó de su familia! Así comienza la plática con Don David Rodríguez Hernández, habitante de este ejido que, sentado en su humilde hogar a un lado de un calentador de leña para mitigar el frío, recuerda con mucho amor y nostalgia a su hijo Humberto, fallecido en la inundación de la mina MICARAN los primeros días del mes de junio del año pasado.
“Era mi hijo, el más chico de cuatro, la muerte se lo llevó sin más y hoy su ausencia duele, cala mucho porque uno como padre nunca va a estar preparado para sepultar a un hijo”, expresó a LA VOZ Don David.
“Recuerdo que Humberto era muy jalador, muy trabajador, muy reconocido para tumbar carbón a pesar que estaba muy grandote y medio gordo, en las navidades él se la pasaba aquí conmigo, me ayudaba a cortar leña para enfrentar las frías navidades y año nuevo juntos, pero, ahora ya no está aquí”.
Señala el abuelito que hacían buñuelos, tamales para recibir a sus familiares, -esta es la segunda navidad sin él, sin su presencia lo cual es muy difícil- tengo recuerdos muy bonitos de él pues jugábamos mucho, platicábamos, borloteabamos, íbamos a la leña y veníamos, me ayudaba a sembrar hortalizas.
Menciona que, al estar mal de salud durante casi un año, su hijo lo vio y, nunca lo dejó solo.
Hoy en día si yo lo tuviera aquí conmigo en este lugar donde solamente queda la silla vacía donde se sentaba a acompañarme a tomar café, le diría -que lo extraño mucho, que me hace mucha falta y que añoro esos momentos que vivimos juntos-.
Le expresaría que siguiéramos adelante como siempre, trabajando los dos y ayudándonos, echándonos la mano para tratar de salir adelante y que no nos falte el taco que es lo principal.
Hoy en día, la alegría para el adulto mayor son sus 4 nietos de 20, 15, 13 y 6 años de edad quienes aminoran la soledad de Don David a falta de la presencia de su hijo Humberto.
Por último, expresó “enfrentamos cuando fallece la esposa o el esposo, cuando muere el padre o la madre, cuando muere un hermano también, pero un hijo, un hijo es un tesoro muy grande para uno”.
Dicen que la ley de la vida es echar al papá por delante, no echar el papá al hijo, despedirlo en su sepulcro, lo cual es algo muy doloroso, comentó.