Por: Teresa Muñoz
MELCHOR MÚZQUIZ, COAH.- Aunque en sus inicios entrenaba en las calles, nunca se apartó de su mente el sueño de triunfar y hoy a base a golpes, pero sobre todo a la fuerza de sus puños, Edna “La Hielera” Maltos, lo está logrando.
Edna es una joven de 28 años de edad, madre de familia, con una sensibilidad a flor de piel.
Pudimos entrevistarla recién desempacada de Vancouver, Canadá donde logró un emocionante empate ante Stephanie Essensa en el Deerfoot Inn & Casino.
Al abrir las puertas de su hogar, nos comenta que haber sido víctima de “Bullying” la llevó también a adentrarse en el boxeo.
“Tome esa fuerza, ese coraje, esa voluntad para defenderme y así comencé a entrenarme cuando tenía 13 años con el apoyo del señor Daniel Garza”.
Recuerda que entrenaba por las tardes, cuando salía de la secundaria donde tenía muchos problemas pues la golpeaban algunas compañeras.
Hay que tocar fondo para saborear las mieles del éxito, dice.
“En ese entonces mi papá me dijo sabes qué, tienes que aprender a defenderte de alguna u otra manera. Ahí fue cuando busqué al señor Daniel Garza para que me entrenara”.
Aunque de inicio Daniel Garza no quiso, porque “no entrenaba mujeres”, finalmente su insistencia lo hizo cambiar de opinión.
“Cuando estaba más chica era más gordita entonces también necesitada una actividad física y eso me motivó a seguir, sentí que el boxeo era lo mío para lo cual siempre conté con el apoyo de mis padres Jesús Javier Maltos de oficio trailero y mi mamá Mireya quien hace 6 años falleció a la edad de 41 años consecuencia de una enfermedad renal que la aquejaba”.
Señala que su madre siempre fue el motor de su vida. “Recuerdo una frase que ella me decía: “Te quiero ver pelear con las grandes y como las grandes”.
Su fallecimiento fue un fuerte golpe para Edna, se sentía ‘nockeada’ por la vida al quedarse sola con sus tres hijas, mientras su papá siempre se la pasaba viajando por trabajo.
Al año de fallecer su madre, nacieron sus cuatas Mirna y Miranda de 5 años de edad, además de contar con otra hija de 6 años de edad, de nombre Edna.
“A ellas les gusta el boxeo, no las veo muy apasionadas pero si les gusta, sin embargo no las voy a forzar a entrenar pues lo que les guste hacer tienen que hacerlo de corazón”.
Señala que en aquellos años entrenaba con sus compañeros en la calle, porque no tenía donde hacer sparring, “solo teníamos 2 costales y una pera, los guantes los teníamos que compartir, la gente pasaba y nos echaba porras y eso nos motivaba, pues a pesar de no tener los suficientes recursos para entrenar, Daniel siempre nos inculcó que hiciéramos las cosas bien”.
Al hablar de Don Daniel, Edna expresa que la mejor lección que le ha dejado quien fue su primer entrenador, es nunca claudicar, siempre seguir adelante, hacer las cosas con fe y no ser egoístas, ayudar al que lo necesita.
En cuanto a cómo le ha cambiado la vida, el trascender hoy en día a nivel internacional, dice: “Creo que valió la pena cada sacrificio, hoy recuerdo todo lo que he vivido y lloro pero de emoción al saber hasta donde he llegado”.
Me han buscado promotores de Monclova y Monterrey pero quieren que me traslade para allá y se me hace muy difícil pues yo quiero salir de aquí, que digan que soy de “Múzquiz”.
“Creo que fue mucho el sacrificio pero valió la pena, igual mis hijas siempre han estado conmigo, pero cada mañana que yo me levantaba a correr, estuviera frío, lloviendo, cada entrenamiento por las tardes, valió la pena, pues en ocasiones dejé de entrenar también por mis hijas”.
Destacó que por desacuerdos con otra persona que no fue el señor Garza, Edna decidió abandonar el Gimnasio Kikapú, luego habló con Alillo de Saltillo, Coahuila, donde le dieron cabida.
En una ocasión una seleccionada, iba a pelear en Durango pero no fue, ahí la integraron en la pelea dándole el pase contra México y en el primer round, mandó a la lona a su rival.
“Fue algo que nadie se lo esperaba porque México es fuerte por la altura en la que ellos están, es otro nivel, ellos tienen más potencia, más ventaja y en ese instante todos se quedaron sin palabras, después la compañera de San Luis Potosí me dijo que no estaba lista para pelear en Calgary para ir a pelear con la campeona de allá”.
Dijo que para llegar a Vancouver, la apoyaron mucho personas de Múzquiz, como el señor Cesar Gutiérrez, la Refaccionaria Santa Rosa, la alcaldesa, Luisa Alejandra Santos Cadena, Anabel y Medrano.
Edna expresa que son pocas las mujeres que forman parte del boxeo femenil. “De hecho yo estaba ranqueada en el lugar número 9 y ahora estoy en la posición número 5 tras la pelea en Vancouver, entonces queremos buscar las otras 4 posiciones para poder estar en la cima”.
Señaló que aquí las más fuertes son Edith Flores de Castaños, Katia Rodríguez de Ciudad Acuña, campeona del Estado.
Su última pelea le abrió las puertas y tiene planes para otra pelea internacional en Europa.
“Me han buscado promotores de Monclova y Monterrey pero quieren que me traslade para allá y se me hace muy difícil pues yo quiero salir de aquí, que digan que soy de “Múzquiz”, pues al cambiarme de residencia ya no estaría representando a este Pueblo Mágico, como le pasó al compañero de apodo “La Vaca” que es de aquí y ahora representa a Monclova”.
Agregó que en estos momentos no tiene representante pero ahora su entrenador es Carlos González mejor conocido como “La Cochi”, el cual la ha impulsado a seguir adelante.
“Entrenábamos en el Gimnasio Nuevo pero hace un tiempo Don Daniel nos apoyó para regresar al Gimnasio Kikapú y es ahí donde estamos hoy en día yo y varios de mis compañeros logrando apoyar a otros jovencitos”.
Ahí los nuevos talentos le dicen “Profe”, lo cual la llena de satisfacción pues por azares del destino abandonó su carrera profesional de ingeniería en mecatrónica.
“Iba en séptimo semestre en el Tecnológico de Agujita, y espero retomar mis estudios pues mi madre siempre me dijo que tenía que hacer una carrera”.
¿Por qué el apodo de “La Hielera?
Edna tiene propuestas de pelear en Europa.
Ríe y responde: hay una película que se llama “Pequeños Gigantes” es una niña que siempre anda con puros niños, entonces desde chiquita siempre estuve más apegada a los niños, no tenía amigas, me gustaba jugar fútbol, andar en bicicleta, mi abuelo tenía un ranchito y siempre andaba yo a caballo fui muy apegada a los hombres tal vez porque no tuve hermanas ni hermanos pero mis primos siempre convivieron conmigo pues las niñas peleaban mucho conmigo de tal manera que con los hombres me apegué más.”
Edna Maltos cursó sus estudios de preescolar en el jardín de niños “Berrueto Ramón” de esta ciudad; la escuela primaria en la Vicente Valdés Valdés de este Municipio; estudió la secundaria en la Lucio Blanco también de esta ciudad; terminó estudios en el CBTIS 20 en el Municipio de Sabinas con honores pues se graduó con promedio de 10 limpio enviándola a la ciudad de México por una beca y fue cuando ingresó al Tecnológico.
“En cuanto a las derrotas, puedo decir que son amargas, porque cuando uno no tiene promotor o quien nos cuide, es muy difícil que nos den el triunfo.”
“Allá la gente me decía tu ganaste, yo en lo personal me acerque a los jueces, ellos me enseñaron las tarjetas, 4 round eran míos y 2 de Stephanie pero igual te vienes con la satisfacción de que dejaste todo arriba”.
Cuando nos dieron el fallo de “Empate” yo me sentía contenta porque miraba la cara de Stephanie, ella nunca levantó su cara, nunca sonrió ni levantó sus manos ni nada.
Yo escuchaba los gritos de “La Mexicana”, “La Mexicana” y eso no lo cambio por nada.
“Soy fuerte dijo, pero también sensible, dos horas antes de la pelea no paraba de llorar y me dice una compañera de Durango que tienes, le digo es que quisiera tener a mis hijas aquí en la esquina, quisiera tener a mi papá, le eche mucho de menos a mi papá, quería”, dijo en voz entrecortada y con lágrimas en sus ojos, “Que mi mamá me viera ahí donde estaba” pero nada más Dios sabe, yo estaba sola pero sé que en espíritu mi madre estuvo ahí siempre”.
Hoy quiero rescatar a jóvenes que se encuentran perdidos en las drogas, es muy triste verlos tan chicos en eso y mi deseo es ayudarles a participar en el boxeo, para que dejen lo malo subiendo al ring dando todo lo bueno que tienen por demostrar.