Por: Staff / La Voz
SAN JUAN DE SABINAS.- “A los 13 años me echaba una caguama de cotorreo”-dijo Trinidad- y la adicción fue creciendo hasta que a los 21 años empecé a drogarme, conocí la marihuana, a los 17 o 18 años ya me quedaba tirado en la plaza principal de mi pueblo, una comunidad cercana a Múzquiz, Coahuila”.
Trinidad M. llegó a Casa San Juan porque ya estaba perdiendo la razón a causa del alcohol y las drogas, ahora cuenta su historia como algo muy lejano, luego de haber superado sus adicciones, sin embargo, dijo, “hay que seguir alerta para no caer, las adicciones no sueltan fácilmente a su presa”.
“Casa San Juan” es un programa de integración y superación humana para personas adictas a diversas drogas y alcohol, hombres o mujeres, se construyó por iniciativa del padre Alejandro Castillo y Robert Coogan quien llegó a la región desde Nueva York , desearon ellos proporcionar ayuda a los adictos en la región Carbonífera, Roberto Coogan ahora es sacerdote, sembrador de la esperanza y el amor, se encuentra en la capital del
Estado, pero antes inició conjuntamente con el padre Alejandro Castillo este proyecto en la calle Hidalgo en San Juan de Sabinas, en una casa de renta, el cuatro de mayo de 1994, consiguieron mobiliario de medio uso, así como todo lo necesario para tener una cocina y no faltara el alimento a quienes acudían por ayuda.
“Gatopardo” describe con fidelidad al sacerdote Robert Coogan en un reportaje: Si el alma fuera una cebolla, la primera capa de Robert Coogan sería delgada y transparente: se ríe, se indigna y llora con facilidad. Cuando habla en público no puede contener las lágrimas y cuando está conversando le brotan carcajadas y bromas con su marcado acento gringo.
Luego vendría la capa de la compasión, porosa y gruesa para absorber el dolor de los demás. Y por último tendría una tercera capa: la del coraje, sólida como madera de ébano. Coogan se sintió tan bien en Nueva Rosita que se quedó siete años trabajando con jóvenes, en especial con drogadictos.
“Casa San Juan” no tiene objetivos religiosos ni políticos, solo el propósito de ayudar a quienes tienen adicciones, sin ningún costo económico permanece abierto las 24 horas del día los 365 días del año.
Trinidad aprendió a hacer cuadros en Interacción y Superación Humana, A.C., aproximadamente en 1995 fue donado un terreno en San Juan de Sabinas por empresarios y gente altruista de la región que apoyaron el proyecto y formaron un patronato, inició entonces la construcción también con apoyo de Sedesol, jóvenes estudiante de Denver, Colorado acudieron a ayudar en la construcción así como los primeros jóvenes que se acogieron a “Casa San Juan”, levantando lo que sería la primera parte del edificio que ahora está completo y cuenta con espacio para varias personas, hombres o mujeres.
Nato F., es quien se encarga desde hace años de “Casa San Juan”, él llegó en los primeros años cuando la casa fue fundada, Trinidad M. dice que realmente la gente que sale sigue acudiendo a las sesiones, porque las adicciones están catalogadas como enfermedades por la OMS.
El programa de Integración y Superación Humana, A.C, “Casa San Juan”, está basado en los pasos de AA y se atiende por igual a alcohólicos y drogadictos, cuenta con un anexo en donde ellos pueden permanecer el tiempo que dura su rehabilitación, actualmente hay 10 hombres, pero en ocasiones han tenido hasta 28 personas de diversos lugares, incluso hasta de Estados Unidos, personas de Nueva Rosita, Barroterán, Monclova, Sabinas y Torreón.
Trinidad M. explicó que no hay un tiempo específico para la rehabilitación, como la estancia es voluntaria algunos se van antes y otros se quedan más tiempo asistiendo a las sesiones para reforzar su tratamiento, las sesiones duran aproximadamente hora y media y se proporcionan dos en la mañana y dos por la tarde.
Incluso algunos que ya han salido apoyan con algunas contribuciones para que en “Casa San Juan” no falte nada, han recibido donaciones también del Gobierno Estatal.
Comentó que Nato F. trabaja como encargado de una panadería y a la vez se encarga del centro, él aprendió panadería en este lugar y ahora es jefe de una panadería.
“Para nosotros no había esperanza” dice, un adicto solo tiene tres caminos finales, la locura, la muerte y la cárcel, sin embargo, aquí nos dieron todo lo que necesitábamos: una vida. “Yo termine con delirios e insomnio, sentía que me perseguían, intenté en varias ocasiones dejar de drogarme y volvía a lo mismo.
Era rebelde, inseguro, acomplejado, resentido, no me dejaba guiar por mi familia, desde que empecé a venir aquí comencé a cambiar y hasta mi papá que no era alcohólico le gustó y también ahora me acompaña.
“Al principio sentí placer, pero después se volvió una pesadilla, incluso enfermedades físicas vómitos, diarreas además de los problemas familiares, intentaba dejar la droga y volvía a recaer, cuando me fui a Estados Unidos fue peor, allá conocí la marihuana, luego la heroína, crack y cocaína, ahora entiendo porqué a las adicciones se dice que son progresivas y mortales.
Al principio batallé, no me resistía a quedarme en el anexo porque está cerca de donde yo vivía, pero me fui acostumbrando, aprendí a hacer pinturas, cuadros.
Trinidad ahora trabaja en mina La Encantada, estando en “Casa San Juan” estudió Mecatrónica, carrera que había abandonado por las drogas.
“Casa San Juan” celebra su aniversario cada octubre, viene el padre Coogan a celebrarlo con los integrantes del centro. Quienes habitan el anexo aprenden Carpintería y Panadería, comentó que en este lugar se hacen las roscas de Reyes para el municipio de Múzquiz y la megarosca.
Dijo que en caso de necesitar atención médica en el centro de salud siempre los atienden gracias al doctor Jorge Cruz Sánchez, informó que para llegar al grupo no se requiere pagar nada, pueden ser hombres o mujeres de cualquier edad, Además se han formado grupos externos que funcionan con personas que ya salieron de “Casa San Juan”; en Nueva Rosita hay uno en la colonia Roma y el grupo Sarabia por la calle Nueve, Uno en Múzquiz en la calle Trinidad Rodríguez y otro en Barroterán, en el barrio Cuatro.
Los rehabilitados dejan sus testimonios escritos, Juan N. cuenta que desde los 15 años empezó a beber como tranquilizante para sus problemas, a los 20 años se casó y no se había percatado de que ya era un alcohólico, a los 26 ya tenía una obsesión por beber, fue cuando empezó a perder amistades y trabajo, pelear con su mujer, gastar el sustento de la familia, a los 36 años ya era una persona insoportable y abandonado por su familia. Cayó varias veces en la cárcel y también en el hospital como consecuencia de la bebida, buscó ayuda en varias religiones, pero no pudo encontrarla. Empezó con delirios, pesadillas, insomnio y fue a parar al manicomio, salió de ahí pensando que se había curado de la adicción al alcohol, sin embargo, no fue así, volvió a recaer hasta que alguien le habló de “Casa San Juan” y fue entonces que acudió por ayuda y se la brindaron desde ese día continúa asistiendo a las sesiones y su vida cambió completamente.
Las historias de vida de quienes ahí acuden son diferentes, sin embargo no los estragos causados por la droga y el alcohol, hay quienes han probado solventes, thinner, resistol 5000, pastillas, otros marihuana, crack, cocaína, heroína o alcohol, la adicción es la misma y el ser constante en las sesiones es muy importante para la rehabilitación por eso quienes dejan “Casa San Juan” no lo hacen completamente, continúan asistiendo a sesiones diarias.
Lo que fue una visión de dos personas con un propósito de ayudar ahora ha dado muchos frutos que en el anonimato no se ven, pero solo quienes ahí estuvieron saben de la importancia de esta “Casa San Juan”.
“Yo terminé con delirios e insomnio, sentía que me perseguían, intenté en varias ocasiones dejar de drogarme y volvía a lo mismo".