A pesar de las dificultades, Dávalos Jiménez continúa trabajando en pequeñas obras, como una rampa, para sostener a su familia.
Por: Carlos Macias
SABINAS, COAH.- Jesús Dávalos Jiménez es albañil, y lleva en el oficio desde los ocho años. Hoy, dice, el trabajo "está tirante": hay semanas sin obra, pocas contrataciones y sobresale la incertidumbre. Solo sabe hacer albañilería, no tiene otro oficio y ocupación; cuando sale algo, lo toma, y cuando no, aguanta.
Dávalos Jiménez vive al día. Está casado, con hijos, y el gasto de la casa depende de lo que se junte en la semana. Su actual obra es una rampa, un tramo pequeño que le permitirá llevar algo de dinero para pasarla. "Así es", repite, mientras describe jornadas que empiezan temprano y terminan en esperar la siguiente chamba.
Al cuestionarlo sobre si la albañilería sigue siendo buen oficio, responde mesurado: en parte sí, pero reconoce que ahora está muy "tirante" porque no hay casi nada. Sin ahorros ni prestaciones, la estrategia es elemental: que el día bueno compense los días quietos, y volver a empezar.
Su mensaje a los jóvenes es directo: estudiar. Sabe que el oficio forma carácter y da experiencias que no vienen en libros, pero también sabe que sin escuela el margen se achica cuando la obra escasea. No predica abandonar la cuchara; pide que vayan por ambas: las letras y el trabajo.
Dávalos Jiménez señaló que hay que pagar un precio por el esfuerzo de cargar bultos de cemento, del sol en la losa y del alivio que llega cuando alguien llama. Su retrato es simple: un albañil de Sabinas que resuelve hoy, enseña mañana y ojalá convenza a chamacos de agarrar el lápiz y los libros.