Con el regreso a clases, Ibarra Tamez planea esquemas flexibles para mantener el servicio de transporte sin afectar a los usuarios.
Por: Carlos Macias
SABINAS, COAHUILA.- Enrique Ibarra Tamez, empresario del transporte de pasajeros en la Región Carbonífera, confirmó que su empresa opera con tarifas congeladas desde hace cuatro años mientras combustibles, impuestos y refacciones acumulan incrementos. Con la tarifa pulverizada, dice, la operación deja de ser rentable y solo se sostiene por compromiso con el servicio.
La ecuación obliga a medidas extremas para que el autobús salga a ruta sin pérdidas.
Ibarra explica que, en vacaciones, cuando la demanda baja, se reordenan horarios y frecuencias. Ya no se trata de cumplir una tabla fija; ahora se cubren horas pico y se suprimen corridas que viajan semivacías. Sistemas de monitoreo ayudan a decidir minuto a minuto qué vuelta hacer y cuál posponer, con el fin de que cada salida lleve pasaje suficiente.
Habla de eficiencia forzada: antes el autobús podía circular con veinte o con cinco pasajeros; hoy se busca que cada recorrido tenga ocupación que lo justifique. No es reducir por reducir, aclara, es mantener la calidad sin regalar kilómetros. La empresa revisa rutas, ajusta intervalos y concentra unidades donde está la demanda real.
El empresario no pide comprensión, pide viabilidad. Sostiene el servicio porque hay usuarios que dependen del camión para trabajar, estudiar o atender citas. Pero advierte que sin ajustes, el modelo colapsa: llantas, diesel y mantenimiento no esperan. La alternativa es clara—hacer más inteligente el rolado o resignarse a perder unidades.
En Sabinas y la cuenca, el transporte de personal y pasajeros es clave porque mueve la economía regional. Ibarra insiste en cubrir compromisos con maquiladoras, comercios y usuarios del día a día, aunque eso implique decisiones duras—menos frecuencias en horas valle, refuerzos en horas pico y control estricto de costos.
Mirando hacia el regreso a clases, prepara esquemas flexibles: rutas vivas que se adapten a la demanda horaria, vigilancia de gasto por kilómetro y comunicación constante con clientes. Para él, la meta es simple: seguir operando sin romper la promesa de servicio, mientras la tarifa no se actualiza y el diesel no deja de subir.