Celebran Misa Crismal en Saltillo con Hilario González como pastor

Durante la ceremonia, se consagraron los santos óleos, que serán utilizados en los sacramentos a lo largo del año.

Por: Marco Juarez

SALTILLO, COAHUILA.- En un ambiente de solemnidad y profunda comunión eclesial, el Obispo Hilario González presidió la tradicional Misa Crismal en la Catedral de Saltillo, celebración considerada el corazón del sacerdocio y uno de los momentos más significativos de la vida diocesana. La ceremonia reunió al presbiterio de la diócesis, cuyos integrantes concelebraron junto a su pastor como signo visible de unidad y fraternidad sacerdotal.

Esta misa expresa la comunión entre los sacerdotes y el obispo, fortaleciendo su identidad como colaboradores en la misión pastoral. Uno de los momentos centrales fue la bendición y consagración de los santos óleos, que serán utilizados en los sacramentos a lo largo del año. Entre ellos destaca el Santo Crisma, mezcla de aceite de oliva y perfumes que se consagra para el Bautismo, la Confirmación y la Ordenación sacerdotal y episcopal, simbolizando la presencia del Espíritu Santo.

Asimismo, se bendijo el Óleo de los Catecúmenos, destinado a fortalecer a quienes se preparan para recibir el Bautismo, y el Óleo de los Enfermos, signo de alivio y fortaleza espiritual para quienes atraviesan situaciones de enfermedad. Durante la consagración del Crisma, el obispo realizó el gesto litúrgico de soplar sobre el aceite, evocando la transmisión del Espíritu Santo, en referencia al pasaje evangélico en el que Cristo sopla sobre sus apóstoles tras la Resurrección.

 

Otro momento significativo fue la renovación de las promesas sacerdotales. Ante la comunidad, los presbíteros reafirmaron su compromiso de servir fielmente al pueblo de Dios, renunciando al egoísmo y renovando su entrega al ministerio. Aunque la celebración tiene un fuerte carácter clerical, su significado alcanza a toda la comunidad diocesana. La Misa Crismal simboliza la unidad de la Iglesia local bajo un solo pastor y recuerda la vocación de todos los fieles como pueblo de reyes, sacerdotes y profetas.

 

Al finalizar la celebración, los óleos fueron distribuidos a las distintas parroquias, llevando consigo la bendición del obispo a cada rincón de la diócesis.

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