Carlos Slim enfrenta crisis en Telmex ante avance de CFE

Carlos Slim enfrenta una crisis en Telmex, que arrastra pérdidas significativas y una carga laboral pesada.

Por: Staff / La Voz

La Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha decidido que su papel como simple espectador en la conectividad rural ya no es suficiente. Con la mira puesta en el año 2026, la empresa estatal busca dar el salto definitivo: obtener una concesión comercial que le permita competir de tú a tú contra los titanes privados, rompiendo la barrera de "sin fines de lucro" que hoy limita su expansión.

Este movimiento no es una ocurrencia de último minuto, sino una estrategia de largo aliento respaldada por la nueva Agencia de Transformación Digital. La intención es clara: aprovechar los miles de kilómetros de fibra óptica que ya recorren el país para ofrecer servicios que, por precio y alcance, podrían poner en jaque a los operadores tradicionales. No se trata solo de conectar a los olvidados, sino de entrar a la jugada grande donde se reparten millones de dólares.

La inversión para este despliegue ronda los 11 mil millones de pesos, un capital destinado a fortalecer una red que ya cuenta con más de 4 mil 900 torres y una presencia envidiable en los 32 estados. Para el usuario de a pie, esto suena a música para sus oídos, pues la entrada de un competidor con la infraestructura del Estado suele traducirse en una presión inmediata para la baja de tarifas en un mercado históricamente concentrado.

Acciones de la autoridad

La gran ventaja competitiva de la CFE radica en sus "fierros". Mientras las empresas privadas tienen que negociar permisos y derechos de vía para instalar cada metro de cable, la estatal ya es dueña del cielo y la tierra a través de sus postes de luz. Esta infraestructura instalada le permite reducir costos operativos de una manera que América Móvil o Izzi simplemente no pueden replicar, permitiendo paquetes de datos que hoy parecen de ciencia ficción por su bajo costo.

Sin embargo, el camino hacia la comercialización total requiere más que solo cables. La CFE deberá convencer a la nueva Comisión Reguladora de Telecomunicaciones de que su entrada no romperá las reglas de competencia justa. El reto será demostrar que, bajo una concesión comercial, se sujetará al principio de neutralidad competitiva, jugando con las mismas reglas fiscales y legales que cualquier otro operador que busca generar utilidades en suelo mexicano.

Crisis en Telmex

El mercado de banda ancha en México está valuado en unos 19,000 millones de dólares anuales. Para la CFE, morder una parte de ese pastel no es solo una cuestión de ingresos, sino de soberanía digital. Al tener el control de la red, el Estado mexicano busca garantizar que el acceso a la información no dependa exclusivamente del humor financiero de las grandes corporaciones, marcando un punto de inflexión en la política de conectividad nacional.

Mientras el Estado acelera, el imperio de Carlos Slim parece estar en una fase de introspección forzada. El ingeniero ha sido inusualmente vocal sobre la situación de Telmex, una empresa que pasó de ser la joya de la corona a un dolor de cabeza contable. Según Slim, la telefónica arrastra pérdidas desde hace más de una década, víctima de una regulación que él considera injusta y de un pasivo laboral que parece una montaña imposible de escalar.

El talón de Aquiles de Telmex son sus 41,000 jubilados. Con contratos que permiten retiros tempranos y prestaciones que superan la realidad del mercado actual, la empresa sostiene una carga de 270 mil millones de pesos. A esto se suma la prohibición de ofrecer el famoso Triple Play (internet, telefonía y televisión de paga), una restricción impuesta por el regulador para evitar un monopolio, pero que Slim califica como un castigo que beneficia a su competencia directa.

A pesar de este panorama sombrío, la orden en la familia Slim es clara: Telmex no se vende. La estrategia del hombre más rico de México es la resistencia. El plan es aguantar la tormenta financiera hasta el año 2040, cuando se proyecta que la curva de jubilaciones comience a bajar y la empresa pueda recuperar su salud financiera. Es una apuesta de legado, un movimiento donde el valor institucional pesa más que el rendimiento trimestral de las acciones.

El futuro de las telecomunicaciones

La colisión entre la ambición de la CFE y la resiliencia de Telmex definirá la próxima década del internet en México. Si en 2026 la estatal logra el permiso para vender servicios de manera abierta, el escenario de precios bajos que hoy vemos en sus planes de 20 GB por 200 pesos podría convertirse en el nuevo estándar nacional. Esto obligaría a los privados a innovar o a recortar márgenes de ganancia para no perder su cuota de mercado.

No obstante, la competencia no se trata solo de cables, sino de servicio al cliente. Aquí es donde la CFE tiene su mayor prueba de fuego: pasar de ser una empresa de energía a una de tecnología y servicios. El soporte técnico y la atención al usuario son áreas donde el sector privado suele llevar la delantera, y es ahí donde empresas como Megacable o Totalplay podrían encontrar su refugio ante la embestida del gigante estatal.

Estamos ante el fin de un ciclo y el inicio de una era de convergencia digital. El internet ya no es un lujo, sino un derecho humano que el Estado busca garantizar con sus propios medios. Ya sea por la vía de la CFE o por la evolución de las empresas de Slim, lo cierto es que México se prepara para una guerra de señales donde el único ganador real debería ser el ciudadano que busca estar conectado sin que le cueste una fortuna.

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