Por: Agencia
Akihito de Japón abdicó hoy tras tres décadas en el trono marcadas por su pacifismo y su intento de conectar con el pueblo japonés, que por primera vez en más de 200 años vio cómo un emperador del país es sucedido en vida.
El soberano nipón, de 85 años, cedió el trono a su primogénito, el príncipe heredero Naruhito, de 59, dos años y nueve meses después de expresar en un inusual mensaje televisado el 8 de agosto de 2016 su deseo de abdicar, preocupado por su edad avanzada y su salud. De aspecto frágil y risueño, Akihito se sometió en 2012 a una operación coronaria de 'bypass' y en 2003 de cáncer de próstata. En 2008 sufrió una hemorragia estomacal, la misma enfermedad que en 1989 se cobró la vida a los 87 años de su padre Hirohito, quien tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial en 1945 renunció al carácter divino que caracterizaba a su puesto.Akihito es un revolucionario comparado con otros emperadores. (...) Ha transformado el símbolo en un ser humano", decía en una reciente rueda de prensa el periodista de Nikkei Makoto Inoue, quien ha cubierto informaciones de la familia imperial durante 14 años.
No quería ser tratado como alguien superior, sino estar cerca del pueblo. Ese contacto humano fue una sorpresa maravillosa para el pueblo japonés", considera Inoue.Desde que fuera designado emperador tras la muerte de su padre el 7 de enero de 1989, Akihito intentó en sus intervenciones honrar el nombre de su era, 'Heisei', y pedir por el mantenimiento de la paz. Su marcado tono pacifista quedó especialmente patente en 2015, cuando se cumplió el 70 aniversario del final de Segunda Guerra Mundial y mostró su remordimiento por las agresiones perpetradas por el ejército imperial nipón durante la contienda. El emperador emprendió entonces una "gira de la paz" para honrar a las víctimas en territorios ocupados por Japón como Saipán, Palau y Filipinas, desmarcándose claramente de la actitud revisionista del actual Gobierno del primer ministro conservador Shinzo Abe.