Yoon Suk-yeol: condenan a siete años de prisión en Corea del Sur

El tribunal de Seúl determinó responsabilidades adicionales por el intento de imponer la ley marcial en 2024.

Por: Staff / La Voz

La crisis política que estremeció a Corea del Sur sigue sumando capítulos judiciales. El expresidente Yoon Suk-yeol fue condenado nuevamente, esta vez a siete años de prisión, en otro proceso derivado del escándalo que terminó con su caída del poder. La sentencia se suma a la cadena perpetua que ya había recibido en febrero por el delito de insurrección.

El fallo más reciente fue emitido por un tribunal de Seúl, que determinó responsabilidades adicionales relacionadas con abuso de poder y decisiones tomadas durante el turbulento periodo en el que intentó imponer la ley marcial en diciembre de 2024, un episodio que desató protestas, caos institucional y una crisis democrática sin precedentes en el país.

De presidente a símbolo de la caída política

Hace apenas unos años, Yoon era visto como una figura firme contra la corrupción. Incluso como fiscal ayudó a procesar a exmandatarios surcoreanos. Sin embargo, su carrera dio un giro dramático cuando, siendo presidente, decretó una ley marcial que fue rechazada por el Parlamento y considerada por la justicia como un intento de quebrar el orden constitucional.

Tras su destitución en 2025, comenzaron varios juicios en su contra. La condena a cadena perpetua marcó un precedente histórico, al convertirse en uno de los castigos más severos impuestos a un exjefe de Estado en Corea del Sur. Ahora, la nueva pena de siete años refuerza la imagen de un sistema judicial decidido a castigar incluso a las figuras más poderosas.

Un mensaje para Asia y el mundo

El caso ha captado atención internacional porque Corea del Sur es una de las democracias más importantes de Asia. Analistas consideran que las sentencias envían un mensaje claro: ningún líder está por encima de la ley.

Mientras algunos simpatizantes de Yoon denuncian persecución política, sus detractores celebran lo que llaman una victoria institucional. En las calles de Seúl, el nombre del exmandatario ya no representa liderazgo, sino uno de los colapsos políticos más impactantes de la historia reciente del país.

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