¿El Mundial importa más que las escuelas? Sheinbaum negocia contrarreloj con la CNTE para evitar un caos nacional

La CNTE ha convocado a un paro nacional indefinido a partir del 1 de junio, en respuesta al aumento salarial del 9% que consideran insuficiente.

Por: Staff / La Voz

A menos de dos semanas de que México se convierta en escaparate global por el Mundial 2026, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una bomba política: la amenaza de una huelga nacional de maestros encabezada por la CNTE que podría paralizar escuelas, bloquear carreteras y tensar el ambiente justo cuando millones de ojos estarán sobre el país.

La reacción del gobierno fue inmediata: instalar mesas de trabajo con la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Educación Pública para intentar frenar el paro magisterial antes de que estalle. Pero aquí surge la pregunta incómoda: ¿el diálogo llega porque preocupa la educación... o porque el Mundial no puede verse envuelto en protestas?

La CNTE anunció un paro nacional indefinido a partir del 1 de junio, acompañado de marchas y posibles bloqueos en al menos diez estados. El movimiento rechaza el aumento salarial del 9% anunciado por el gobierno, argumentando que el incremento real apenas ronda poco más del 4% en salario base, algo que consideran insuficiente frente al costo de vida. Entre sus demandas están la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, cambios al sistema de pensiones y un aumento salarial mucho mayor.

Desde Palacio Nacional, Sheinbaum minimizó el alcance del conflicto al señalar que "no son todos los maestros" quienes planean movilizarse. Sin embargo, el calendario político no ayuda: las protestas coinciden con el arranque de uno de los eventos más importantes para la imagen internacional del país. La posibilidad de plantones cerca del Zócalo y movilizaciones en la capital ya encendió alarmas.

El tema divide opiniones. Para unos, la CNTE está usando el momento exacto para ejercer presión máxima sobre el gobierno. Para otros, el Ejecutivo solo está reaccionando porque teme una mala postal internacional durante el Mundial. La polémica está servida: si no hubiera fútbol de por medio, ¿habrían abierto estas mesas de negociación con la misma urgencia?

Porque al final, la discusión ya no es solo educativa. Es política, económica y de imagen: ¿qué pesa más para el gobierno, las demandas de los maestros o evitar que el Mundial 2026 arranque entre bloqueos y protestas?

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