¿Dónde estaba usted?

Dogma de Fe por Marcos Durán Flores

Por: Marcos Durán Flores

El 25 de febrero de 1956, en Moscú, Rusia, durante una sesión del Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética,Nikita Khrushchev, secretario general de ese partido dio un discurso “secreto” en donde denunciaba los crímenes de la época de Stalin. El discurso no formó parte de los informes y resoluciones oficiales y el texto fue revelado hasta 1988.

Khrushchev, cercano colaborador de Stalin, lo acusaba de haber sido un gobernante que procedió con una violencia salvaje no solo contra quienes se le oponían; criticando con ferocidad su carácter despótico y caprichos. Un dictador que ordenó detenciones y deportaciones en masa de muchos miles de personas, ejecuciones sin previo juicio. Que, durante su régimen, se engendraron condiciones de inseguridad, temor y aún de desesperación.

Frente al Politburó,Khrushchev acusó furiosamente a Stalin de considerarse un ser que nunca erraba, que siempre tenía la razón. Nunca reconoció ante nadie que se hubiese equivocado jamás ni en la menor cosa, y cada vez que alguien estaba en desacuerdo con él se le declaraba “enemigo del pueblo”. Después de la Segunda Guerra Mundial, Stalin se había vuelto más caprichoso, irritable y brutal. Su manía de persecución alcanzó dimensiones increíbles; tras la guerra, se separó aún más de la colectividad. Todo lo decidía él solo, sin ninguna consideración por nadie ni por nada.

En un momento de su mensaje,Khrushchevpreguntaba al auditorio formado por la clase dirigente de la entonces Unión Soviética: “Algunos camaradas pueden preguntarnos ¿Dónde estaban los miembros del Politburó? ¿Y por qué esto se está haciendo solo ahora?”. En ese momento del público surgió una voz que le preguntó: ¿Dónde estaba usted?, a lo que de inmediato reaccionó preguntando: ¿Quién fue? El auditorio entero enmudeció. En ese momento Khrushchev dijo: “Yo estaba ahí, igual que usted, camarada, en el silencio cómplice”.

Ayer viernes, después de que el presidente López Obrador mostrara durante su conferencia mañanera los presuntos ingresos que recibe Carlos Loret de Mola por su trabajo, no es posible cerrar los ojos sin condenar esta acción, que vulnera al gremio periodístico.

Apenas un día antes, había sido asesinado el periodista Héber López en Oaxaca, un hecho ante el cual, se podría esperar que el presidente expresara una condena enérgica pública para mitigar esta espiral de violencia sin precedentes donde en menos de dos meses, cinco periodistas han sido ejecutados en México.

Pero al contrario de esto, el presidente se ha expresado en términos hasta peligrosos en contra de comunicadores y medios que han expuesto la investigación sobre las presuntas propiedades y conflictos de interés de su hijo José Ramón López Beltrán y su nuera.

Y ayer viernes el presidente cruzó cualquier barrera imaginable y en una acción inédita, el presidente agredió a Carlos Loret, en un ataque contra todos en los medios. Hoy la integridad física de un periodista ha sido puesta en peligro y el potencial autor intelectual vive en Palacio Nacional.

Estamos ante un ataque brutal a la libertad de expresión y al derecho a la privacidad. El presidente estigmatiza, descalifica, abusa de su poder y pone en riesgo a personajes como Loret y deberíamos de estar muy preocupados porque expresarnos, hoy se ha vuelto más peligroso que ayer y que siempre.

Entendámoslo: Se puede estar de acuerdo o no con Loret, su periodismo puede ser o no basura, sus investigaciones pudieran o no estar sesgadas y podemos creer que detrás de él, están los más oscuros intereses, pero lo que no podemos aceptar, lo que no deberíamos impedirnos reconocer, es que lo que el presidente hizo ayer durante la conferencia mañanera es ilegal, autoritario e intolerable.López Obrador, el presidente que llegó con la mayor legitimación, hoy está en la ruta del fascismo, de ese que no entiende de ideologías de izquierda o de derecha.

Andrés Manuel López Obrador tiene suficiente aceptación y legitimidad y no puede ni necesita exigir absoluta sumisión. La historia nos espera frotándose las manos, así que, dentro de unos años, cuando se recuerde estos tiempos oscuros y se responsabilice a alguien, valdría la pena preguntarse: ¿Dónde estaba usted? ¿En el silencio cómplice?

@marcosduranf

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