Fuera De Contrato
Por: El Eventual
Hoy como todos los lunes, el fiscalista Cesar Villarreal Ramos, comparte esta bonita recomendación a todos los padres, sobre todo los que tiene hijos adolescentes, es bueno entender que en ocasiones o encontramos como reaccionar, así que espero les sirva en este transitar por la vida.
Vamos a hablar sobre las razones emocionales y psicológicas por las que muchos adolescentes comienzan a cerrarse, responder menos o alejarse de sus padres durante esta etapa. Ahora vamos un paso más profundo con los errores que cometemos como padres y cómo solucionarlo.
Porque aunque la adolescencia trae cambios normales en su comportamiento, también existen formas de comunicación y crianza que, sin darnos cuenta, pueden aumentar la distancia emocional.
Hay errores comunes que muchos padres cometen con adolescentes —desde convertir cada conversación en un sermón hasta minimizar lo que sienten— y cómo empezar a corregirlos para reconstruir la conexión, la confianza y la comunicación en casa. No se trata de ser malos padres.
Se trata de que nadie nos enseñó a comunicarnos con adolescentes. La crianza que vivimos nosotros, las presiones del día a día y el miedo a perder autoridad nos llevan a cometer errores que empujan a nuestros hijos justo hacia donde más tememos: el silencio y la distancia. Hoy vamos a hablar con honestidad. No para culparte, sino para ayudarte a ver lo que quizás no habías notado.
Porque reconocer el error es siempre el primer paso para cambiar. Tu hijo llega a casa y te cuenta algo: un problema con un amigo, una situación injusta en la escuela, algo que le hizo sentir mal. Y en lugar de escuchar, empiezas a dar consejos que nadie pidió, a recordarle sus errores pasados, a comparar su situación con la tuya de joven, o a convertir ese momento en una lección de vida de veinte minutos.
Lo que siente tu hijo en ese momento es muy específico: frustración. Intentó abrirse y terminó siendo el auditorio de un discurso. La próxima vez que le pase algo, su cerebro recordará esa experiencia y tomará la decisión más lógica del mundo: mejor no decir nada. Así es como se instala el silencio, no de golpe, sino conversación a conversación.
Los adolescentes no buscan que sus padres lo sepan todo. Buscan sentirse escuchados. Hay una diferencia enorme entre un padre que escucha para entender y uno que escucha para responder. Y ellos lo perciben perfectamente. «Eso no es para tanto. Cuando yo tenía tu edad, tenía problemas de verdad. Ya se te va a pasar, no exageres.
Estas frases, aunque se dicen con buena intención —muchas veces para calmar al adolescente o para evitar que sufra—, producen el efecto contrario: le enseñan que en esta familia sus emociones no tienen espacio.
El cerebro adolescente está en pleno desarrollo. Las regiones que regulan las emociones aún no están maduras, lo que significa que lo que a ti te parece pequeño, para él puede sentirse como el fin del mundo, y esa percepción es completamente real desde su biología. Invalidar esa experiencia no la elimina; solo la empuja hacia adentro.
Con el tiempo, un adolescente cuyas emociones son minimizadas aprende a no compartirlas. Aprende a guardar silencio. Y en muchos casos, busca a alguien más —un amigo, una pareja, las redes sociales— para ser escuchado. El riesgo no es solo la distancia contigo: es que quede sin el acompañamiento adulto que más necesita en esta etapa.
Los gritos, las amenazas desproporcionadas, el castigo como primera respuesta, la humillación frente a otros... todo esto puede lograr obediencia a corto plazo. Y eso es exactamente el problema: funciona en el momento, por lo que se repite. Pero el costo que tiene a largo plazo es enorme.
Un adolescente que te obedece por miedo no está aprendiendo a tomar buenas decisiones; está aprendiendo a evitar el castigo. Y cuando no estés presente, no tendrá ninguna brújula interna que lo guíe. Además, aprenderá algo igual de peligroso: que cuando algo sale mal, lo mejor es ocultarlo. Porque las consecuencias de decir la verdad son demasiado grandes.
Bonita reflexión, verdad
Dios los Bendiga
Nos leemos mañana