De política y cosas peores

Por: Armando Fuentes "Caton"

Tengo un primo a quien admiro y quiero. Se llama José Fuentes García y es el más sabio jurista -opinan todos- que en la actualidad hay en Coahuila.

Ha dedicado su vida a la justicia y al bien. Una prestigiada institución de educación superior, la Universidad Autónoma del Noreste, estableció en su campus de Saltillo una cátedra que lleva su nombre.

Las palabras que pronunció mi primo en esa ocasión me conmovieron tanto que hoy transcribo algunas de ellas en apretada síntesis, pues tienen más hondura y belleza que cualesquiera otras que pudiera yo poner aquí.

Dijo: “No creo tener merecimientos para hacerme acreedor a este honor. He luchado y sufrido como todos; he tratado de remediar aflicciones y acallar violencias.

El trabajo duro ha sido uno de los componentes de mi vida, quizás a veces con exceso. Las líneas de mi cara y mis canas son la prueba de un intenso recorrido. Cada año me ha dado una lección, por eso llevo las huellas del tiempo como un premio. La vida me ha enseñado que el paso de los años arruga la piel, pero el abandono del entusiasmo arruga el alma.

Uno es tan joven como su fe y tan viejo como sus dudas. Siempre he sido partidario del diálogo, y no de la polémica. A veces los hombres parecen incapaces de ser lo que en verdad querrían ser. Hieren sin sentir; dañan sin arrepentirse; agonizan sin esperanza.

Prefiero a los que sueñan, aunque su sueño no se haga realidad; a los que esperan, aunque su esperanza no se cumpla; a los que apuestan por una utopía, aun cuando al final no se realice. Apuesto por los que no se resignan a que el mundo sea como es; a los que confían en que puede cambiar y debe cambiar; a los que ignoran a los pesimistas y ven un universo nuevo detrás de las estrellas.

Disfruto la compañía de quienes me dispensan su amistad, y en paralelo acepto mis soledades.

Amo la intimidad, y sé por experiencia la fuerza que puede dar y la alegría que puede llevar al corazón del hombre.

También conozco esos ratos de oscuridad en que la soledad lo llena todo. Pensar es uno de mis mayores gustos. Puedo estar solo con mi pensamiento por horas. Sin embargo debo aceptar que ya es demasiado tarde para entender todo lo que hubiera querido entender. Muchas preguntas se me quedarán sin respuesta. Mi biblioteca sigue siendo mi despensa y el hospital de mi alma. En ella me lleno de vida y me curo las heridas. Lo único malo es que no podré llevarla conmigo a la eternidad.

Espero que ahí el buen Dios tenga para mí una biblioteca mejor, y que su Hijo, el Maestro de Maestros, ilumine en definitiva mi entendimiento y me haga digno de conocer la verdad eterna. Muchas cosas que durante mi vida me parecieron de gran importancia han dejado de serlo, mientras otras que consideraba insignificantes han adquirido intensidad y peso.

Ahora contemplo y disfruto el otoño de mi vida, y me preparo para gozar el encanto del invierno, colmado de amor y paz. Seguiré cumpliendo con las asignaturas de mi vida, día tras día y hora tras hora.

Me mantendré en contacto con mis amigos porque con sus críticas sanas me corrigen y con su conversación amena me enriquecen. Continuaré disfrutando de mi familia porque en ella encuentro refugio a mi soledad, consuelo a mis aflicciones y apoyo a mis flaquezas.

Buscaré cada vez con mayor perseverancia a Aquél a quien puedo confiar mis dificultades y preocupaciones. Él está en todo y en todos; basta abrir los ojos para advertir su presencia en medio de nosotros.

A ustedes, gracias; muchas gracias por su bondad y su afecto.

Que Dios los bendiga ahora y siempre”. Éstas fueron las palabras de mi primo. Por ellas le doy las gracias yo.

FIN.

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