No mentir, no robar... no explicar
Por: Alejandro Moreno
por Alejandro Moreno*
Hubo un tiempo en que tres verbos bastaron para ganar una elección. "No mentir, no robar y no traicionar al pueblo" se repitió en plazas, bardas y mañaneras hasta convertirse en algo más que un lema: una promesa moral, casi un juramento.
Siete años después, la frase sigue ahí, impresa en el discurso oficial. Pero en la práctica se le coló un cuarto mandamiento, no escrito y cumplido con una disciplina admirable: no explicar.
Porque el problema de este gobierno ya no es solamente lo que ocurre. Es cómo responde cuando ocurre. Un "no hay pruebas", un "es campaña de la oposición", un "que investigue la Fiscalía", y vámonos a otro tema. El eslogan quedó en eso: palabrería.
Este año, una jueza federal de Estados Unidos, Katherine Polk, señaló a diez servidores públicos de Sinaloa encabezados por el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, como vinculados al crimen organizado, con base en lo que ella misma describió como evidencia abundante. No es un tuit de la oposición ni una columna malintencionada: es un expediente judicial.
¿Qué hizo Morena? Su presidenta, Ariadna Montiel, descartó suspender o expulsar a los señalados hasta que aparezcan "pruebas concretas". Un partido que se presume distinto debería ser el primero en abrir puertas, separar a los señalados mientras se investiga y dar la cara. En lugar de eso, se atrinchera.
Lo mismo pasó con el llamado huachicol fiscal: una red de contrabando de combustible que operó desde aduanas bajo control de la Marina y en la que aparecen señalados el vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna y su hermano Fernando, sobrinos del exsecretario de Marina, Rafael Ojeda. Es justo decir que la investigación nació de una denuncia del propio Ojeda en 2024. Pero cuando la oposición preguntó qué sabía el expresidente, la respuesta fue mandarlos a ir de rodillas a la Basílica a ver si se les hacía el milagro. Esa fue la explicación que recibió el país: un chiste.
Pregúntele a cualquier paciente con cáncer, a cualquier madre con un hijo diabético, a cualquier jubilado que hace fila en el IMSS. No necesitan estadísticas: saben lo que es salir de la farmacia del hospital con la receta en la mano y la bolsa vacía. Al desabasto se suma el regreso de enfermedades que el país ya había dejado atrás, como el sarampión y la tosferina.
Mientras tanto, desde la Secretaría de Salud se aseguró que el abasto para 2026 estaba garantizado. Garantizado en el papel, quizá. En los pasillos de los hospitales la historia es otra: faltan medicamentos, falta equipo que funcione, faltan médicos y enfermeras. Y cuando se pregunta por qué, la respuesta casi siempre mira hacia atrás: la culpa es del pasado, de las farmacéuticas, del neoliberalismo. Nunca del que gobierna desde hace siete años.
Explicar requiere que alguien pregunte. Durante dos décadas, ese alguien fue un órgano autónomo: el IFAI, luego el INAI. Con mayoría calificada, Morena lo desapareció, y en marzo de 2025 su lugar lo ocupó "Transparencia para el Pueblo", un órgano desconcentrado de la Secretaría Anticorrupción. Es decir: el gobierno se revisa a sí mismo.
No mentir es fácil cuando nadie puede verificar. No robar es fácil de presumir cuando los expedientes se reservan. Y no traicionar al pueblo se vuelve una frase vacía cuando al pueblo se le niega lo más básico: saber.