Jacobo Rodríguez endurece su postura por el control del SIMAS y agrava el conflicto con regidores de oposición.
Por: Emilio Gallegos
PIEDRAS NEGRAS, COAH. - Lejos de buscar acuerdos, el alcalde Jacobo Rodríguez optó por escalar la confrontación política en el Cabildo, al reiterar que no cederá en la disputa por el control del Consejo del Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento (SIMAS), conflicto que ya derivó en la suspensión de sesiones.
Durante su conferencia matutina de este jueves, el edil no solo confirmó que la crisis continuará, sino que recurrió nuevamente a descalificaciones contra regidores de oposición, a quienes responsabilizó del bloqueo institucional tras votar en contra del orden del día.
Rodríguez acusó a ediles del PRI y del PT, quienes mantienen mayoría, de frenar su agenda, pero evitó reconocer el desgaste político generado por su propia postura inflexible.
En lugar de abrir canales de diálogo, el alcalde arremetió con calificativos como "lacras que afectan el interés del pueblo", "gente rancia" y "politiquería barata", elevando el tono de un conflicto que mantiene paralizado al órgano de gobierno municipal.
"Claro que los quiero exhibir", advirtió, al dejar en claro que su estrategia será mantener la confrontación pública con los regidores.
El enfrentamiento también alcanzó al gerente de SIMAS, Lorenzo Menera, a quien tachó de "inepto" y responsabilizó de decisiones financieras, sin presentar detalles técnicos que sustenten sus señalamientos.
Asimismo, dirigió acusaciones contra el diputado local Memo Ruiz, a quien culpó del presunto deterioro económico del organismo en administraciones pasadas, en un discurso que mezcló críticas políticas con descalificaciones personales.
Aunque defendió que la ley le permite proponer la integración del Consejo del SIMAS, Rodríguez dejó entrever que su objetivo no es solo ejercer esa facultad, sino evitar que la oposición tenga peso dentro del organismo.
"No le vamos a dar el control del Consejo, mucho menos del SIMAS", sentenció.
El posicionamiento del edil ocurre un día después de un hecho inédito: el Cabildo rechazó el orden del día, lo que impidió el desarrollo de la sesión, evidenciando un nivel de ruptura política que amenaza con prolongarse.
Mientras tanto, la administración municipal permanece entrampada en una disputa de poder, sin señales de negociación y con un discurso oficial que privilegia la confrontación sobre la gobernabilidad.