El Bayern Múnich enfrentó al PSG en un partido lleno de controversias por decisiones arbitrales.
Por: Agencia
La Champions League regaló otra noche llena de dramatismo puro, pero esta vez el fútbol quedó manchado por las decisiones del juez central. El Bayern Múnich se despidió del torneo continental en las Semifinales tras caer ante el PSG, en un duelo donde el arbitraje del portugués João Pinheiro desató la furia total de los aficionados alemanes en el mismísimo césped del Allianz Arena.
Desde el pitazo inicial, el partido se puso cuesta arriba para los locales. Apenas al minuto tres, Ousmane Dembélé clavó un gol tempranero que movió los cartones y le dio el control a los parisinos. Con la obligación de remontar, el cuadro alemán se lanzó con todo al ataque, pero se topó con un muro vestido de negro que dictó el destino de la serie.
Al minuto 28 llegó la primera jugada que encendió los ánimos en la tribuna. Nuno Mendes cortó un avance bastante prometedor metiendo la mano de forma deliberada. El lateral ya cargaba con una tarjeta amarilla desde el minuto 8, por lo que la acción pedía a gritos la segunda amonestación y la roja directa. Sin embargo, el silbante hizo la vista gorda, se guardó la tarjeta y dejó al jugador lusitano en la cancha, perdonando la vida al cuadro visitante y cambiando por completo el guion del encuentro.
Apenas tres minutos después del primer escándalo, el estadio entero estalló en reclamos. Corría el 31' cuando Vitinha intentó reventar el balón desde su propia área para alejar el peligro, pero terminó estrellando la esférica de lleno en la mano izquierda de su compañero João Neves. Los jugadores del Bayern Múnich y toda la banca saltaron como resortes para exigir el cobro del penalti.
La tensión invadió el recinto mientras todos esperaban la intervención de la tecnología. No obstante, tras una revisión silenciosa, el VAR determinó que la jugada no ameritaba la pena máxima y el juego siguió su curso. Aunque el reglamento estipula que un rebote proveniente de un despeje del mismo equipo no se sanciona como infracción, el coraje de la afición local no disminuyó, sintiendo que la balanza se inclinaba en su contra de manera descarada en una eliminación que ya pintaba dolorosa.
El equipo de casa nunca bajó los brazos. Con el reloj encima y la desesperación a tope, el goleador Harry Kane logró perforar las redes rivales hasta el tiempo de compensación (90+4´). El delantero inglés le dio un rayo de esperanza a su equipo, pero los minutos se escurrieron como agua entre los dedos. El silbatazo final confirmó el fracaso de los alemanes con un marcador global de 6-5. La sensación de un robo inundó el ambiente, confirmando que a los bávaros les cerraron la puerta de la Final en la cara con un arbitraje para el olvido.