Por: Agencia
En los instantes previos al Super Bowl XXXVI, Ricky Proehl, receptor de los Rams, declaró: “Hoy comienza una dinastía”. Le atinó, pero sobre el entonces equipo de San Luis, que buscaba su segundo título en tres temporadas, sino porque comenzó la Era Tom Brady en la NFL.
Los Patriots ganaron ese Super Bowl. Brady fue el MVP, quizá sin merecerlo (apenas 145 yardas, solo Roger Staubach y sus 119 en el VI fueron menos para un ganador del premio al Más Valioso del Super Domingo), y desde entonces se cayeron los Rams (Kurt Warner nunca volvió a jugar en Playoffs con ellos) y New England sumó seis campeonatos.
El último, 17 años después, de nuevo ante los Rams, y dos años después Brady partió a la NFC para ganar el séptimo anillo con los Buccaneers.
El domingo en Tampa, Brady tiene la oportunidad de terminar otra vez con las aspiraciones de los Rams.
El equipo ahora de Los Angeles pasó casi todo ese tiempo entre derrotas en el Super Bowls sin tener marca ganadora (de 2002 a 2016, el 12-4 de 2003 fue su único y cayeron en la ronda divisonal). Brady terminó ya en par de ocasiones con sus mejores oportunidades de ser campeones y quiere una tercera.
El Super Bowl LIII fue el punto de inflexión de la Era Goff en L.A. Ahí se sembró la semilla de que Sean McVay no podría extraerle más jugo y días antes del segundo aniversario de esa derrota, Goff iba camino a Detroit y Matthew Stafford llegaba a los Rams.