El Deportivo Alavés, en su lucha por la permanencia, enfrentó una vez más sus grietas defensivas ante un Barcelona sólido.
Por: Staff / La Voz
Con la liga prácticamente decorada de azulgrana, muchos esperaban un Barcelona relajado. Pero en Mendizorroza no hubo concesiones. El conjunto de FC Barcelona volvió a demostrar por qué ha dominado el campeonato y firmó una actuación sólida frente a un Deportivo Alavés obligado a sobrevivir. El duelo de la jornada 36 dejó algo claro: aunque el título ya esté asegurado, el hambre competitiva del equipo culé sigue intacta.
Desde el pitazo inicial, el Barça manejó el ritmo del encuentro con la tranquilidad de un campeón y la ambición de quien aún persigue marcas históricas. El equipo dirigido por Hansi Flick apostó por algunas rotaciones, pero ni los cambios en el once alteraron la identidad del conjunto: posesión, presión alta y una circulación de balón que desgastó poco a poco al rival.
El Alavés lucha por la permanenciaEl Alavés, necesitado de puntos para escapar de la zona roja, salió con intensidad y urgencia. El problema fue el de toda la temporada: competir no siempre basta cuando las grietas defensivas aparecen en el peor momento. Los vitorianos llegaron al partido arrastrando una preocupante fragilidad atrás, algo que el Barcelona supo castigar con paciencia quirúrgica.
En las gradas de Mendizorroza se respiraba tensión. Cada recuperación local se celebraba como un gol y cada avance azulgrana parecía una amenaza real. Porque mientras el Barça juega para cerrar una temporada memorable e incluso aspirar a una cifra simbólica de puntos, el Alavés pelea por algo mucho más visceral: permanecer en Primera División.
Mensaje claro del BarcelonaMás allá del resultado, el encuentro volvió a enviar un mensaje al resto de LaLiga: este Barcelona no entiende de partidos de trámite. Incluso con bajas importantes y rotaciones, el equipo mantiene una competitividad feroz. Y eso explica gran parte de su éxito esta temporada.
Para el Alavés, en cambio, cada jornada empieza a parecer una final. El margen de error es mínimo y el calendario no da tregua. La lucha por la permanencia sigue abierta, pero las oportunidades se reducen peligrosamente.