Uruguay, bajo la dirección de Marcelo Bielsa, enfrentó un complicado inicio en el Mundial 2026, empatando 1-1 contra Arabia Saudita en el Hard Rock Stadium de Miami.
Por: Agencia
El libreto del debut mundialista exigía de Uruguay una puesta en escena acorde a sus galones históricos, pero el Hard Rock Stadium atestiguó una realidad mucho más compleja, un ecosistema donde las jerarquías se diluyen ante el orden y el paso del tiempo. Los hombres de Marcelo Bielsa, que cargaron con el contratiempo de un viaje accidentado y horas de incertidumbre en Quintana Roo antes de pisar Florida, terminaron masticando un empate 1-1 frente a Arabia Saudita que supo a supervivencia y que deja el Grupo H en un absoluto estado de suspenso.
Desde el pitazo inicial, la Celeste intentó asumir el protagonismo a través de la circulación y el desgaste. El balón rodaba bajo el control uruguayo, superando el 55 por ciento de la posesión, mientras Federico Valverde buscaba ensanchar la cancha y activar las transiciones rápidas. Ronald Araújo avisó temprano con un impacto de larga distancia, y más tarde Federico Viñas hizo volar de palomita a Mohammed Al-Owais, quien empezaba a edificar una muralla infranqueable. Sin embargo, el dominio charrúa carecía de la profundidad necesaria para resquebrajar el orden táctico planteado por el conjunto asiático.
La paridad se rompió de la forma más inesperada al minuto 40. En un tiro de esquina, la zaga uruguaya parpadeó; Fernando Muslera logró contener un primer impacto, pero el rebote quedó flotando en el área chica y Abdulelah Al Amri la empujó al fondo para decretar la sorpresa monumental ante una grada que exhibía múltiples huecos. El golpe sacudió las estructuras celestes, obligándolas a remar contracorriente durante todo el complemento.
El segundo tiempo fue un monólogo de frustración y empuje para Uruguay. Bielsa movió el tablero dando ingreso a Nicolás De la Cruz para ganar verticalidad, y la intensidad física subió de tono tras una dura entrada sobre Agustín Canobbio que encendió las alarmas. La fortuna parecía darle la espalda a los sudamericanos cuando un zapatazo de Manuel Ugarte se estrelló en el poste, desatando el lamento colectivo. Al-Owais, gigante bajo los tres postes y asistido por el cuerpo médico tras la exigencia del juego, continuó repeliendo los embates de un Valverde punzante en la pelota parada.
La insistencia charrúa encontró su recompensa al minuto 80. Tras tanto picar piedra, un balón vivo en el área fue aprovechado por Maximiliano Araujo, quien mandó la pelota a las redes para decretar la igualada y devolverle el alma al cuerpo a la delegación uruguaya.
Los minutos finales se consumieron entre centros desesperados y saques de esquina consecutivos que la Celeste no logró capitalizar. Miami despidió el encuentro con un reparto de puntos que, sumado al empate sin goles entre España y Cabo Verde, dibuja un inicio de torneo sin dueños ni favoritos claros.