Ana Amelí García, desaparecida en el Ajusco, es un ejemplo de la crisis de desapariciones en el país.
Por: Staff / La Voz
A un año de que millones de ojos se posen sobre México por la fiesta del futbol más grande del planeta, hay familias que ya preparan otro tipo de espectáculo: uno incómodo, doloroso y profundamente humano.
No habrá camisetas ni banderas en sus manos. Llevarán fotografías.
Mientras el país afina detalles para recibir el Mundial 2026 —con estadios remodelados, operativos de seguridad y campañas turísticas— madres y padres de personas desaparecidas planean convertir la euforia futbolera en un escenario de protesta global. Su mensaje es directo: no se puede celebrar mientras miles siguen sin regresar a casa.
El otro México que quieren mostrar al mundoLa sede del partido inaugural será el histórico Estadio Azteca, en el sur de la Ciudad de México. Pero justo en esa misma zona, particularmente en Tlalpan y las áreas del Ajusco, hay familias viviendo una tragedia que no aparece en las campañas promocionales del Mundial.
Ahí desapareció Ana Amelí García, una joven de 19 años vista por última vez durante una caminata en el Ajusco, una zona señalada por familiares como vulnerable por la falta de vigilancia, señal telefónica y respuesta inmediata de las autoridades. Su madre, Vanessa Gámez, se ha convertido en una de las voces más visibles del movimiento.
La idea de los colectivos no es sabotear el torneo, dicen, sino aprovechar una vitrina imposible de ignorar: miles de periodistas internacionales, turistas y cámaras de televisión transmitiendo desde México.
"Mientras adentro celebran, afuera seguimos buscando", es el sentimiento que atraviesa las protestas planeadas para junio de 2026. Familias organizadas preparan manifestaciones pacíficas, cartas dirigidas a embajadas y acciones simbólicas cerca de las sedes mundialistas.
El Mundial como altavoz de una herida nacionalMéxico llega al Mundial cargando una cifra que pesa más que cualquier marcador: más de 130 mil personas desaparecidas registradas oficialmente, una crisis que organizaciones nacionales e internacionales consideran estructural. En muchos casos, las familias denuncian investigaciones lentas, burocracia y ausencia de resultados.
El tema incluso ha escalado a organismos internacionales. El Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han señalado la gravedad del fenómeno y urgido respuestas más contundentes del Estado mexicano.
Para los colectivos, el Mundial representa una oportunidad inédita: si durante décadas sintieron que sus casos eran invisibles, ahora creen que el reflector internacional podría obligar a mirar donde antes muchos volteaban la cara.
Cuando el futbol y el dolor chocanEl contraste no puede ser más fuerte.
Por un lado, estadios llenos, fanáticos cantando y millones invertidos en turismo. Por otro, madres pegando fichas de búsqueda, recorriendo cerros y aprendiendo protocolos forenses para encontrar a sus hijos.
La pregunta incómoda ya comenzó a tomar fuerza: ¿puede un país celebrar el evento deportivo más importante del mundo mientras enfrenta una de las crisis de desaparición más graves de su historia?
Para muchas familias, la respuesta no es cancelar la fiesta, sino impedir que el silencio también gane el partido.
Porque si el Mundial promete poner a México bajo la mirada del planeta, ellas quieren asegurarse de que el mundo vea todo el panorama: no solo los goles, también las ausencias.