Las ballenas desempeñan un papel crucial en la salud de los océanos, actuando como reguladoras del ciclo del carbono.
Por: Staff / La Voz
Cada 15 de febrero, la comunidad internacional hace una pausa para observar el horizonte marino. El Día Mundial de las Ballenas no es solo una celebración de la majestuosidad de los mamíferos más grandes de la Tierra, sino un recordatorio crítico sobre la salud de nuestros océanos y la historia de una especie que logró burlar la extinción.
La historia de esta fecha se remonta a 1980 en las costas de Maui, Hawái. Fue instaurada por el activista Greg Kauffman y la Pacific Whale Foundation con el fin de proteger a la ballena jorobada. Lo que comenzó como un festival comunitario para dar la bienvenida a estos cetáceos tras su migración, evolucionó en un llamado global de auxilio.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la industria ballenera diezmó las poblaciones para obtener aceite y carne. Sin embargo, tras la moratoria de la caza comercial en 1986, la humanidad inició una nueva era: la de la observación y la coexistencia.
Hoy, la ciencia ha demostrado que las ballenas son mucho más que "gigantes carismáticos". Son piezas clave en el ciclo del carbono:
Fertilización oceánica: Sus rutas migratorias actúan como "cintas transportadoras" de nutrientes, estimulando el crecimiento del fitoplancton.
Pulmones del planeta: El fitoplancton produce el 50% del oxígeno terrestre y absorbe tanto CO2 como cuatro selvas amazónicas.
Secuestro de carbono: Una sola ballena almacena en su cuerpo el equivalente al carbono de 30,000 árboles. Al morir de forma natural, lleva ese carbono al fondo del mar por siglos.
A pesar de la prohibición de la caza, las ballenas enfrentan retos modernos que requieren atención inmediata:
Colisiones con barcos: El tráfico marítimo en rutas de alimentación es una de las principales causas de muerte accidental.
Contaminación acústica: El ruido de los motores afecta su ecolocalización, impidiéndoles comunicarse y encontrar pareja.
Crisis de plásticos: La ingesta de microplásticos afecta su salud digestiva y reproductiva.
Celebrar a las ballenas es, en última instancia, celebrar la supervivencia de nuestra propia especie. Su presencia en los mares es el termómetro más preciso de la salud planetaria.