El diablo viste a la moda 2: ¿Qué pasó con Miranda Priestly?

La secuela de El diablo viste a la moda presenta a Meryl Streep y Anne Hathaway en un contexto de cambios en la industria.

Por: Staff / La Voz

Dos décadas después de que El diablo viste a la moda redefiniera el cine sobre moda, su secuela llega envuelta en lujo, expectativas... y una pregunta incómoda: ¿sigue siendo intimidante Miranda Priestly en un mundo que ya cambió?

¿Qué pasó con Miranda Priestly?

Un regreso elegante, pero menos feroz. La nueva entrega de El diablo viste a la moda 2 apuesta por la sofisticación visual y el reencuentro con personajes icónicos, encabezados por Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt. Sin embargo, lo que antes era una historia de ambición despiadada, ahora se percibe más como una reflexión melancólica sobre el paso del tiempo.

La temida editora Miranda Priestly sigue siendo elegante, incisiva y dominante... pero ya no provoca el mismo temor. El mundo que antes controlaba —revistas, tendencias, jerarquías rígidas— ha sido reemplazado por redes sociales, algoritmos y audiencias volátiles.

Cambios en la industria de la moda

Uno de los puntos más interesantes de esta secuela es cómo retrata la transformación de la industria. La revista Runway ya no dicta reglas absolutas: ahora compite con influencers, contenido efímero y la cultura del "scroll".

Andy Sachs, ahora una periodista consolidada, regresa a este universo no por ambición, sino por necesidad, en medio de una crisis laboral que refleja la precariedad actual del periodismo.

La película plantea una idea clara: el poder ya no está en una sola persona, sino en una audiencia dispersa e impredecible.

Entre el brillo y la crítica

Visualmente, la película cumple con creces. Vestuarios impecables, escenarios de alta moda y cameos que celebran la industria convierten cada escena en un escaparate estilizado. Pero bajo esa superficie, hay una crítica evidente: el glamour ya no es suficiente para sostener relevancia.

Incluso Miranda —antes símbolo de autoridad absoluta— parece adaptarse a un entorno donde su influencia se diluye. Y ahí está el núcleo emocional del filme: no el ascenso, sino la resistencia al declive.

¿Secuela necesaria o eco del pasado?

Aunque el elenco mantiene química y carisma, la historia ya no tiene el filo de la original. La tensión que antes definía la relación entre jefa y asistente ahora se siente más humana... y menos electrizante.

Eso no la convierte en una mala película, pero sí en una distinta. Más reflexiva, menos impactante.

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