CASTAÑOS COAH.- La incógnita de arrastrar a sus hijos por la lucha de un sueño americano, es si son buenos o malos padres, el camino es complejo pero el destino tal vez la salida a sus problemas, después de darle vueltas, tienen que atreverse, no hay de otra, al quedarse, sería morir o morir.
Es la misma pregunta que hacen las personas a quienes un migrante se acerca junto a sus hijos para pedirles una moneda, ¿buenos o malos?; van juntos por el sueño americano, que aunque ya está bastante desvanecido, para ellos es la única esperanza, para conseguir una mejor vida, lejos de la violencia y las carencias.
El día de ayer fue un padre de familia centroamericano quien cargaba desde hace nueve días desde que salió de Honduras con su pequeña de cuatro años, sobre el cruce de las vías del ferrocarril en la calle Porfirio Díaz, quien prefirió no hablar, pero su mirada lo decía todo, había cansancio pero más ganas de salir adelante para ofrecerle un mejor mundo a esa pequeña.
Cada vez son más los casos donde se ven niños viajando en tren, o junto a sus padres pidiendo dinero en un crucero para poder comer y seguir con su viaje hacia la frontera en busca de suerte.
Aunque el hombre se encontraba a la defensiva, se puede entender por las situaciones que comúnmente pasan en un trayecto tan largo donde afrontan lo que no cualquiera, drogadicción, prostitución, escapar de la delincuencia organizada, y no solo, sino con una pequeña que le puede ser arrebatada para cualquier clase de trata.
Pareciera un mal padre por haberla orillado a pasar los que tal vez serán los mayores desafíos de su vida, pero también sería un mal padre si no luchará por su familia, si la hubiera abandonado a su suerte en un lugar donde no hay a veces ni que comer.
Más de una semana bajo el sol, con viajes nocturnos bajo las estrellas, con algunas paradas para comer lo que la gente le pueda aportar, “papi agua”, era lo que le decía aquella pequeña que ya no soñaba con princesas, sino con llegar a casa, o a cualquier lado a descansar.
Unas sandalias rosas, que poca vida le quedaban, ya casi no tenían suela, de tez oscura y dañada por el sol, cabello corto seguro para que no tuviera calor y un vestido rosa que reflejaba su total inocencia, era lo que vestía aquella niña que acompañaba de la mano a su “papi”.
Finalmente después de los reproches a este medio de comunicación, por parte del padre quien se sentía amenazado por las preguntas, el hombre pidió dinero para poder comprarle un taco a su hija, bueno o malo, al final padre.