Durante años han estado ahí, aguardando por el próximo cliente, con las manos llenas de grasa y la esperanza puesta en cada par de zapatos que cruzan por la plaza Alonso de León. Son los boleros de Monclova, quienes día a día cumplen con uno de los oficios más antiguos de México.
El oficio de ser bolero existe desde los años 20’s cuando los generales pedían que sus botas estuvieran limpias y los boleros, que en aquel entonces también incluía a los niños, eran quienes se encargaban de eso. Sin embargo, el principal apogeo de este oficio se remonta a los años 40’s.
Grasa, brocha, tintas, entre otras cosas, son sus herramientas de trabajo.
Este trabaja se enfrenta hoy en día a una de sus peores crisis debido al uso de los productos para limpiar el calzado que se pueden encontrar fácilmente en las tiendas de autoservicio. Entonces los boleros han tenido que luchar contra el mundo comercial y aferrarse a su vocación y a la necesidad de continuar su labor.
La historia del señor Antonio Montañez nos permite conocer más a fondo este oficio:
“En este oficio tengo 32 años, lo aprendí por necesidad, yo soy de Torreón pero me mudé aquí hace ya muchos años con la promesa de entrar a Altos Hornos y por alguna razón no se pudo.
Como no tenía trabajo agarré un cajón y me puse a boliar y me gustó. Nunca había trabajado de esto, así que fui aprendiendo bajo la marcha y conocí mucho gente en este andar.
La verdad es que se ha ido perdiendo la costumbre de venir a bolearse por lo rápido que es hacerlo en casa con los productos que ofrecen en las tiendas, todo es porque no hay tiempo, va la gente muy de prisa, por eso hemos perdido clientela.
Desde hace 10 años se notó la diferencia de la clientela que viene, por ejemplo antes a esta hora (9 de la mañana) estaba lleno, y ahorita está solo. Pienso que es eso, es tanto por ahorrar dinero, ya que es más barato con los productos, pero pienso que aún más por el tiempo, de venir a sentarte a que te boleen.
En lo personal, yo soy discapacitado, no puedo caminar, y no recibo ayuda de ningún tipo. Al día debo sacar al menos $150, nada más para comer, para llegar hasta acá y para pagar la renta.
La gente que todavía viene a que lo bolee puede ser por la costumbre, por seguir la tradición, por flojera de no hacerlo en casa, o por darse un pequeño “lujo” que es venir a bolearse.
También influye la plática que les hago, siempre hay algo de qué hablar, hay que escucharlos a todos. Para tener amigos y amistades es necesario escuchar. El secreto para seguir en esto es saber que el cliente siempre tiene la razón, y claro también hacer bien el trabajo; yo siempre me he despedido dando las gracias, deseando un excelente día y decirles “Dios te bendiga” yo creo que eso hace la diferencia, se va la gente con ganas de volver.
¿Cómo se sostiene una familia con un oficio que está por desaparecer?
En lo personal, yo soy discapacitado, no puedo caminar, y no recibo ayuda de ningún tipo. Al día debo sacar al menos $150, nada más para comer, para llegar hasta acá y para pagar la renta. Creo que si la hago de presupuesto es porque soy de los que cobran más barato, 20 pesos por boleada, entonces al cliente le quedan ganas de dejar propina, y así poco a poco vivo al día.”
El bolero Antonio Montañez Castillo sostuvo a su familia de 4 hijos con este oficio. 3 de ellos cuentan con una carrera universitaria y todos tienen un buen trabajo. El esfuerzo que los ciudadanos realizan día a día para sostener a sus familias con estos oficios que tienen mucha historia y tradición pero que poco a poco se van desplazando por lo comercial, es realmente admirable.