
LA PRINCESITA VAQUERA
Hace mucho tiempo existió un lugar llamado El Oro, el cual era gobernado por unos reyes: el rey Francisco y la reina Aracely, quienes tenían una bella hija de nombre Arely. Cuando la pequeña princesita nació, el rey fue el padre más feliz de aquella tierra.
Al rey le gustaba mucho convivir con los animales, en especial con los de granja. Su adoración eran los caballos, ya que contaba con diez de distintas razas y colores, pues el deporte que más le gustaba era la equitación.
Cuando la princesita Arely cumplió 2 años, su padre le obsequió un caballo muy dócil llamado “Pinto”. Desde ese instante la princesa y el caballo se hicieron inseparables. Conforme fue creciendo, ella también empezó a tomar clases de equitación al igual que el rey.
Tanto fue el gusto de Arely por su caballo, que ya no quería usar los hermosos vestidos que su padre le mandaba a hacer con la modista del reino, sino que siempre quería andar de vaquera.
Cuando la princesita tenía cuatro años, tuvo que asistir con sus padres a una gran fiesta de un pueblo vecino, ya que su padre y el monarca de ese reino empezarían a tener negocios, pero además de esto tendría que conocer a la hija de este rey que era una princesa casi de su misma edad: se llamaba Rosita, una niña muy bonita al igual que ella.
Al paso de dos meses la princesita Arely tuvo que asistir a la escuela real llamada Auradon para empezar su formación académica, pero además su formación como princesa. Estaba muy feliz porque conocería a princesas y príncipes de su misma edad y podría hacer muchos amigos.
Cuando Arely entró a su salón, se emocionó mucho al ver a Rosita, quien era su mejor amiga hasta ese momento. Las dos decidieron sentarse juntas.
Cuando su maestra llegó, les pidió que por favor dijeran su nombre, de qué reino venían y qué era lo que más les gustaba hacer. Cuando llegó el turno de Arely, se puso de pie y se presentó: “Mucho gusto, soy la princesa Arely y vengo del reino El Oro. Mis padres son el rey Francisco y la reina Aracely, y lo que más me gusta hacer es montar y convivir con mi caballo “Pinto”.
Cuando salieron al descanso, las princesitas empezaron a socializar con sus compañeros del salón. Pero toda la emoción de ese primer día de clases se vino abajo cuando una de sus compañeras le preguntó por qué estaba disfrazada, a lo que la princesita le contestó que no era un disfraz sino su vestimenta vaquera, ya que a ella le gustaba mucho vestirse de esa forma. Su compañera dijo que no era posible que ella, siendo princesa, usara esa ropa, pues los únicos que vestían así eran los trabajadores que estaban a cargo de los animales de granja, y que ella ponía en ridículo a todo su reino. En ese momento interrumpió la princesa Rosita diciendo que no era verdad, que a ella también le gustaba vestir de vaquera pues era un gusto que sus padres les habían enseñado.
Cuando Arely regresó a su casa después de la escuela, le preguntó a su papá si ella era una vergüenza para el reino, a lo que el rey le contestó que no, al contrario: ella era un orgullo para todos. La princesita platicó entonces lo que le dijo su compañera.
Los reyes la abrazaron y pidieron que no hiciera caso a lo que la gente comenta, que cada quien usa lo que le haga sentir cómodo sin importar si pertenece o no a la realeza. Después de escuchar esto, la princesita Arely decidió que nunca más dejaría que la hicieran sentir mal por su forma de vestir.
Cuando la princesa tenía diez años participó en una competencia de equitación que era solo para varones. Al verla, todos los participantes se rieron de ella, pero en cuestión de minutos esas risas se convirtieron en caras de asombro al ver lo excelente que era para montar y lo bien que su caballo respondía cada orden que ella le daba. La gran conexión que tenía con su caballo le dio el triunfo del concurso. Al subir al panel de los ganadores, dirigió la mirada a sus padres y les dijo que ella siempre iba a ser “La princesita vaquera”