La misión del cristiano es el amor
Este domingo vemos el tema de la misión en la persona de Jesús, Jeremías y Pablo. Contemplamos este domingo la persona de Jesús como culmen de la revelación. La figura de Jeremías como el profeta que anima y llena de esperanza al pueblo con un mensaje de salvación. Y vemos en Pablo el apóstol que prolonga en el tiempo la misión profética de Jesús, poniendo el acento en el amor cristiano, como el carisma que relativiza todos los demás y que constituye la verdadera medida
- La misión viene de Dios. Qué importante es que tengamos claro que la misión que tenemos en la vida, no siempre la realizamos porque tratamos de diseñarla o diseñársela a los demás, en lugar de ponernos delante de Dios y discernir qué quiere de nosotros. Es Dios quien dice a Jeremías: “Antes de formarte en el vientre te conocí; antes que salieras del seno te consagré, te constituí profeta de las naciones” . Jesús en la sinagoga de Nazaret no se atribuye a sí mismo la misión, sino que la lee ya profetizada en las Escrituras, es decir, ya prevista por el mismo Dios. San Pablo, por su parte, sabe muy bien que todo carisma proviene del Espíritu de Dios, máxime el carisma por excelencia que es el del ágape.
2. La misión se desarrolla en un camino con dos polos.Por un lado destruir, por otro edificar. Tiene su parte de anuncio y su parte de denuncia. De encuentro con los necesitados y de saber que la verdad no siempre será acogida. La misión de cada persona se afianza en el constante discernimiento entre estas dos fuerzas, la del amor y la de la legalidad. La de la bondad y la de la corrupción. El denunciar la devaluación de todo sin la caridad, como la de sostener y edificar todo con la caridad como valor supremo.
- Descubrir la misión cristiana, un reto.Para el hombre, cualquiera que sea su circunstancia, toda propuesta que venga de Dios es un reto, porque te saca de su rutina, de tus esquemas mentales, de tu mediocridad. Jesús reta a los nazarenos, al herir su orgullo por no hacer en Nazaret los milagros realizados en Cafarnaún. El ágape que Pablo propone a la Iglesia de Corinto es un reto mayúsculo para aquellos griegos educados en el culto a la razón y al eros. Ser y vivir hoy como cristiano es también reto, pero se trata de una reto saludable. Hay que retar al hombre en sus miserias, para que tome conciencia de su grandeza como imagen de Dios, como hijo de Dios. Si el cristianismo no se siente retado ni sacude al hombre en su interior, es que ha perdido su razón de ser en la historia.
4. La misión tiene sus riesgos.El riesgo principal de que los hombres no escuchen ni acepten el mensaje de Dios. El riesgo también está en ser maltratado, considerado enemigo público, tenido por aguafiestas y profeta de desventuras. La biografía de Jeremías está entretejida con episodios de este género. Jesús estuvo a punto de ser apedreado por los nazarenos, y Pablo vivió unas relaciones no poco tensas con los cristianos de Corinto, cuando les escribió su primera carta. El riesgo de no ser comprendido es algo casi normal en nuestros tiempos. Todo riesgo asumido por Dios vale la pena.
5. La misión se vive sin temor y con la fuerza de Dios. Dios dice a Jeremías: “No les tengas miedo... Yo te constituyo hoy en plaza fuerte, en columna de hierro y muralla de bronce frente a todo el país”. Jesús, ante los nazarenos que quieren despeñarle, nos dice san Lucas que, “abriéndose paso entre ellos, se marchó”. Qué valentía sobrehumana y qué poder de Dios en la actitud de Jesús, ¿Y acaso no muestra Pablo una fuerza divina cuando antepone el ágape cristiano a la ciencia, a la pobreza total, a las llamas, y a la misma fe?
6. La misión exige una respuesta. Puede ser una respuesta de rechazo, como en el caso de Jeremías: “Ellos lucharán contra ti”. Puede ser una respuesta doble, como en el caso de Jesús: por un lado, asentimiento y admiración, por otro, indignación y deseo de despeñarlo por un precipicio. Y Pablo, en la segunda lectura, al proponer a los corintios el carisma de la caridad, no hace sino pedirles que respondan con generosidad a dicho carisma. La misión que nos une, y por la que Jesús se encarna y comparte su divinidad con nuestra humanidad es la del amor. Dios asume el riesgo de amarnos y quiere que asumamos el riesgo de amarlo y ser testigos de su amor en el mundo.
Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.
P NOEL LOZANO: Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey.
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