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Coahuila

“Las cartas sobre la mesa”

Por P. Noel Lozano - 24 marzo, 2019 - 11:14 a.m.

Conozcamos y hablemos de Dios

Hoy  contemplamos la figura y algunos rasgos de Dios. Vemos en el antiguo testamento como Dios aparece como fuego que no se consume y se define a sí mismo: “Yo soy el que soy”. El evangelio por su parte nos presenta un Dios misericordioso que desea ardientemente la conversión del pecador, que sabe esperar antes de intervenir con su justicia. Dios es también un Dios providente, que nos pone ante los ojos la historia de Israel para que estemos atentos y nos mantengamos en pie, dirá San Pablo al pueblo de Corinto. Vemos cuatro acciones muy hermosas de Dios respecto al hombre: ve, escucha, conoce y baja para subirnos. Ve nuestra aflicción, escucha nuestros clamores, conoce nuestro dolor, y baja para liberarnos.
  1. Dios es fuego que no se consume. En la mentalidad antigua el fuego es símbolo de poder y de fuerza divina. En el Antiguo Testamento es además símbolo de la presencia divina en la creación, el sol, el rayo… Dios es eterno, el fuego de su presencia y de su poder no puede consumirse. Es una manera hermosa de expresar la cercanía constante de Dios para con Moisés y para con los descendientes de Israel. La presencia poderosa de Dios entre los suyos, llega a plena realización en el momento en que el Hijo mismo de Dios se encarna en el seno de María y se hace en todo semejante al hombre, a excepción del pecado. Jesús dirá: He venido a traer fuego a la tierra y ¿qué es lo que quiero sino que arda?. Se trata del fuego que es Dios mismo, en su misteriosa proximidad al hombre; un fuego, que debe llamear, como una bandera enhiesta, en el corazón de la historia y de cada ser humano. 2. Dios se define a si mismo como “EL QUE ES”. Dios dice a Moisés: Dirás a los israelitas: “Yo Soy” me envía a ustedes. El fuego de Dios no es destructor, sino amigo y benefactor del hombre, en quien el hombre puede poner su confianza. Moisés busca dar confianza a los israelitas en Egipto. Les dice que Dios lo manda a decirles que en Él pueden tener la confianza y total seguridad de que los va a liberar. No sólo a los israelitas en Egipto, sino también para los judíos en otras épocas de su historia y para los cristianos en diversas ocasiones de estos veinte últimos siglos, la situación puede aparecer desesperada. No hay horizontes, no hay casi esperanza. ¿Quién podrá salvarnos? ¿Quién podrá sacarnos de esta situación angustiosa? Dios ha repetido y seguirá repitiendo hasta el fin de los tiempos las mismas palabras: “Yo soy el que soy”. La confianza en estas palabras divinas renueva constantemente la historia. Nos sigue retando Dios a confiar en Él. En la medida en la que conocemos de quién dependemos, en esa medida pondremos nuestra seguridad y confianza. 3. Dios es paciente.Dios sabe que cambiar, convertirse de verdad no es fácil, ni cosa de unas horas o días. Porque conoce el interior de cada uno de nosotros. Dios sabe esperar, no tiene prisas, cuando ve una disposición sincera para la conversión. La parábola de la higuera, narrada por Jesús en el evangelio, es de gran consuelo para el hombre débil. Dios no sólo espera, además actúa en la conciencia humana para que se convierta y dé frutos. Ante los problemas, que son reales, no perdamos los estribos; mucho menos, gastar las propias energías en lamentarnos, impacientarnos, mirar hacia el pasado... Hay que actuar, sí, actuar y saber esperar. Actuar con fe y con amor, los medios más eficaces para cambiar la vida personal y de los hombres. Esperar, sin prisas y sin pausa. Jamás decaer en la espera y esperanza. En la paciencia, en la esperanza encontraremos nuestra salvación y la de nuestros hermanos. Nuestro tiempo necesita conocer a Dios y tenemos que hablar de Dios. Hay que hablar del Dios presente y cercano al hombre, del Dios misericordioso que sabe esperar... hay que hablar de problemas morales, de cambios de mentalidad, de laicismo y liberalismo ideológicos..., pero siempre será más importante hablar de Dios. El cristianismo no es un sistema moral, que implica una religión; el cristianismo es ante todo y sobre todo una religión, una fe, de la que se deduce una moral, un modo de vivir y estar presente en el mundo y en la sociedad. Si hablamos más de Dios vivo y verdadero, algo cambiará en el modo de vivir y de pensar de nuestros contemporáneos.
  Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros. P NOEL LOZANO: Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey. www.padrenoel.comwww.facebook.com/padrelozano[email protected]@pnoellozano

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