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Coahuila

Muere el doctor Ramiro Villarreal

Por Jorge Salazar - 10 septiembre, 2020
Muere el doctor Ramiro Villarreal

Por más de tres generaciones, el Médico Pediatra Ramiro Villarreal Cantú fue un embajador de la salud infantil en Monclova. Ayer lamentablemente falleció a los 92 años de edad y recordamos en estas líneas la entrevista que concedió a Periódico La Voz en 2018.

Tenía más de 92 años cumplidos, fue el segundo médico especialista en llegar a nuestra región con un principio hipocrático que mantuvo hasta el último momento: “La salud es lo primero, nunca niego una consulta aunque no tengan para pagarme”, afirmaba en la entrevista realizada hace un par de años.

Nació un 13 de octubre de 1926 en San Buenaventura, una comunidad rural que carecía de todos los servicios básicos. En aquellos tiempos la región era un vergel flanqueado por acequias que regaban los pueblos y nutrían las enormes nogaleras y las fincas atiborradas de plantas de aguacate.

“Lo que más extraño de aquella época era dormir a mis anchas con las puertas abiertas y saber que al despertar nadie se había metido a robar”, expresa el médico desde su consultorio convertido en un museo de recuerdos, su refugio y el secreto de su ‘eterna juventud’.

Había cumplido 92 años de edad y 66 de haberse titulado como Médico General en la Universidad de Nuevo León, su nombre, apellido y profesión se lo legó a su hijo que sigue la tradición al frente de la Clínica San Martín, ubicada en la Calle Venustiano Carranza de la zona Centro de Monclova.

Aún en nuestros días, no existe un abuelo, padre o hijo que no haya sido consultado al menos una vez por este extraordinario galeno que se especializó hace 50 años como Pediatra en el entonces Hospital Infantil de la Ciudad de México, el único centro de atención para niños de aquella época.

“Obtuve la beca por dos años para especializarme con excelente promedio, luego regresé a Monclova para ejercer y a la fecha sigo trabajando con niños, principalmente aquellos que vienen muy enfermos con tratamientos que les dieron otros médicos”.

A sus más de 90 años de edad seguía consultando, se levantaba temprano de su casa y llegaba al Centro Médico San Martín a bordo del vehículo que él mismo conducía, a pesar de los achaques de la edad, se sentía facultado para seguir trabajando.

Trabajó todos los días en la mañana y en la tarde, incluso a la hora que lo buscaran en su casa, atendía a gente de clase media y baja, y para nadie se negaba.

Tenía entre su clientela a personas de los ejidos de San Buena, Nadadores, Ocampo y la falta de dinero no fue impedimento.

Llegó como Médico General a Monclova en 1953 para trabajar en la Clínica Obrera de la Sección 147, donde atendía el doctor Ulises Dávila quien le ayudó mucho a conseguir la beca para especializarse en el Hospital Infantil La Papa de la Ciudad de México.

A su regreso fue el segundo Médico Pediatra en Monclova, el primero fue el doctor Guillermo Enrique Guerra Valadez, al que admira y le guarda gran agradecimiento por haberlo apoyado en su juventud.

“A Monclova llegó el Seguro Social, pero yo no quise entrar a laborar ahí porque siempre tenían muchos pacientes y no les dedican el tiempo necesario en cada consulta”, explicaba.

En 1962 decidió fundar la Clínica San Martín primero como farmacia, después un consultorio y algunos cuartos de hospitalización que ahora son el Centro Médico San Martín, un Hospital atendido por su hijo el Doctor Pediatra Ramiro Villarreal que siguió sus pasos.

Su esposa es la señora María de Lourdes González Villarreal, con la que tuvo cuatro hijos, tres hombres y una mujer, Sandra de Lourdes, Ramiro Gerardo, Carlos Alan y el más chico Leonardo Antonio Villarreal González.

“Ser Médico ahora es mucho más fácil, existen estudios para todo que permiten llegar a un diagnóstico mucho más rápido y preciso, en Monclova hay especialistas muy buenos, mi consejo a los que aspiran ser médicos es que hagan una especialidad para que no terminen solo en el Sector Salud, el IMSS o ISSSTE, y que antepongan siempre la salud al dinero”.

“Muchas veces me toca atender a pacientes que ya fueron mal recetados en esos hospitales o farmacias exprés, y su enfermedad ya venía complicada, mi labor era darles lo mejor para aliviarlos”, comentaba.

Entre las anécdotas luego de más de medio siglo de profesión, recordaba sus inicios cuando era solo Médico General e intentaba canalizar a un niño. El especialista era el doctor Guillermo Enrique Guerra Valdez que estaba de vacaciones.

“Yo le hablé por teléfono y le pedí que regresara porque había una “anomalía” en la enoclisis, cuando el doctor Guerra Valdez llegó y vio la zona donde la estaba haciendo me dijo, no es una anomalía es una “animalía”, estás haciéndolo en el lugar equivocado”, recordó entre risas.

Explicaba que diariamente escuchaba expresiones como: “usted atendió a mi abuelo cuando era niño, a mi papá, ahora a mí y a mi hijo”, y así siguió el resto de su vida.

“Recuerdo haber recibido un nacimiento múltiple de cuatro niños, de los cuales lamentablemente falleció uno, en aquella época fue un suceso por la falta de infraestructura médica, que tuvimos incluso que pedir dos incubadoras al Gobierno del Estado para mantener a los tres sobrevivientes”.

La plática se hace extensa en su consultorio donde las paredes lucen atiborradas de diplomas, reconocimientos, cuadros, fotografías, recuerdos y una colección de juguetes acumulados a lo largo de toda una vida de compromiso con la salud.

“Tengo libros de anatomía de 1940 esos libros los tenía que rentar para poder estudiar, ya cuando me gradué los pude comprar y hoy se los prestó a mis nietos que dos de ellos están estudiando la carrera de medicina con muy buenos resultados”.

En el área de revisión a pacientes se refleja otra de las dos grandes pasiones: la cacería y la pesca y en las paredes exhibe sus más preciados tesoros entre ellos venados carmín de 12 puntas, otros más cazados personalmente en áfrica y un pez vela que pescó en 1970.

La vida ha sido generosa con el galeno quien se jactaba de haber viajado por gran parte del mundo acompañado de un grupo de amigos entre los que destacó al empresario Adalberto Santos y muchos otros más que ya se adelantaron en el viaje sin retorno.

De aquella generación de médicos solo quedaban vivos el doctor Guerra Valdez y el químico Jesús de la Fuente.

Se le pregunta sobre el retiro y su respuesta es inmediata: “He pensado en el retiro, pero mientras Dios me preste la vida yo seguiré aquí en mi consultorio, ahorita todavía manejo, cuando no pueda traeré chofer, no tengo nada a que quedarme en casa a ver televisión, me siento bien y de la cabeza estoy bien”.

Aseguraba que el secreto de su longevidad es el amor por su profesión, que llega a extrañarla cuando sale de vacaciones.

Recorrió desde Canadá y Alaska hasta Argentina, Brasil, Venezuela, también viajó a Europa, estuvo en países como España, Francia, Alemania, Inglaterra, China Grecia, y se quedó con las ganas de viajar a Australia para conocer a los canguros.

Es un apasionado del deporte, le gustaba el beisbol y el futbol, aficionado de Tigres, Monterrey y Santos, pero no puede ver al América por el favoritismo de los árbitros, también disfrutaba ver películas western de antaño estelarizadas por John Wayne y Kirk Douglas.

“La medicina me permitió tener un buen nivel de vida, y a todos mis hijos les di lo mejor de mí, les di buenos estudios y todos están bien gracias a Dios”.

En el ocaso de la segunda década del siglo XXI no era ajeno a la tecnología, y aunque no dominaba el uso de los teléfonos inteligentes, si sabía navegar en internet, revisar páginas de noticias y mandar y recibir correos electrónicos.

Tomaba pastillas para mitigar sus achaques, no escuchaba del todo bien, y le falla la vista, pero pese a eso, se sentía entero y así se lo hacía saber a sus amigos de café de los viernes con los que se reunía todas las mañanas para convivir.

“Nos reunimos desde hace unos 20 años en el restaurante del Hotel Kalionchiz, y ahí platicamos de novedades y poco a poco se han ido muriendo algunos de los miembros, me dicen que yo soy el siguiente, y les digo “cabrones no porque crean que estoy viejo soy el siguiente, a lo mejor ustedes se van primero, con todas las pastillas que se atascan”, expresa entre risas.

Para finalizar aquella entrevista lo hizo con un emotivo mensaje: “Ya no tengo nada, todo lo repartí a mis hijos, me operé del páncreas, de la vesícula, del apéndice, no veo muy bien, no oigo muy bien, lo único que me queda es este corazón que mientras siga latiendo seguirá amando la medicina”.