En medio de un sentir de tristeza aún se veía la pared manchada de sangre en el área delimitada con cinta amarilla, causaba el asombro de quienes pasaban por ahí, ese lugar donde ocurrió el feminicidio de Georgina Ortiz Ramírez de 32 años de edad.
Sus vecinos hablaron de “Gina”, a quien señalaron como una buena madre, por velar por el bienestar de sus hijos fue que había dejado a su ex pareja sentimental José Alfredo Oviedo Vásquez.
Gina tenía cuatro hijos, tres niñas y un niño, las dos mayores eran de su primera pareja quien falleció, los dos más pequeños eran de su segunda pareja a quien identifican como “Santos”.
Ella había decidido dejarlo para vivir solo con sus hijos, tranquilos y en paz.
Apenas tenía cerca de 6 meses de conocer a José Alfredo con quien quería formar una familia, entusiasmada decidió salirse de la vivienda de “Santos” ubicado en la calle Ermita 1211, para iniciar una historia de amor con Alfredo.
“Cuando Santos se fue, ella se quedó viviendo en Colinas de Santiago, estuvo sola mucho tiempo, trabajaba, llevaba a sus hijas a la escuela, le echaba muchas ganas, bien trabajadora que era pero conoció a Alfredo y se fue de aquí, porque rentaron una vivienda en el mismo sector”, comentó Yesica Vásquez.
Se cambió de casa, vivía en la calle Minas de Trinidad, pero vivió una vida tormentosa, agresiones, insultos cada vez más fuertes, hasta que la golpeó, ella decidió denunciarlo.
“Ella lo denunció le dieron orden de restricción, cuando regresaron de poner la demanda ella fue por sus cosas para regresar a la vivienda donde estuvo sola con sus hijos, pero ese mismo día él la volvió a golpear, nosotras la ayudamos”, comentó.
Siempre vio por el bienestar de sus hijos, por eso había dejado a su ex pareja.
Por la mañana interpuso la denuncia y ese mismo día por la tarde él la volvió a amenazar, la golpeó otra vez, traía golpes en la cara, la cacheteó varias veces, eso fue el viernes de la semana pasada, el hombre fue detenido y ahí le dijo que cuando saliera la iba a “ponchar”.
“Ese día le ayudamos a meter sus muebles otra vez a la casa donde vivía con Alfredo, mientras conseguía una camioneta, nos trajimos a sus niños, ese día se quedó en casa de una de sus vecinas y amigas”, señaló Yesica Vásquez.
El sábado Gina salió para conseguir una camioneta, dejó a sus hijos encargados con su exsuegra, “Santos” (padre de sus últimos dos hijos) le ayudó a llevar los muebles a la otra vivienda.
Ahí estuvo durante una semana, tranquila, con sus cuatro hijos, acudía a trabajar a la tortillería y regresaba, dos de sus vecinas fueron el martes a la tortillería a hacerle compañía y saber cómo estaba, sin pensar que dos días después se enterarían de su asesinato.
Una cintilla amarilla rodeaba el lugar del crimen.