Une a Chabel y María pobreza y enfermedad

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Un matrimonio que vive entre pobreza e impotencia, clamó apoyo a la sociedad para poder obtener pañales de adulto mayor, toallas húmedas y algo de despensa, desde hace años que no pueden trabajar por las complicaciones de salud que se les han presentado en su avanzada edad, les han impedido el tener ingresos a su casa y cada vez están más necesitados.

Se trata de José Isabel García y María de los Reyes Olguín de 90 y 86 años respectivamente quienes habitan en la calle Cuatro Ciénegas en la casa marcada con el número 600 de la colonia Santa Bárbara.

Don Chabel, de oficio carpintero desde hace un par de años se retiró y decidió vender cada pieza y máquina de su taller para dedicarse al cuidado de su esposa quien sufrió complicaciones de salud.

Y es que doña María, como es conocida sufrió una caída en la que se fracturó en numerosas partes su pierna derecha y aunque le colocaron placas y tornillos, jamás volvió a caminar.

“Estoy operada de la pierna, me levanta mi esposo en la silla de ruedas, pero ahora con el frío mejor me quedo aquí en mi cama”.

“Aquí con nosotros vive mi hija con su niña, ella nos da de almorzar y de comer al mediodía lo que hay, la niña se está con nosotros porque está estudiando, mi esposo ya no trabaja, vivo de lo que me dan mis amistades, ya no puedo trabajar”.

Don Chabel platicó que desde la caída de su esposa dejó de laborar en la carpintería pues merecía cuidados especiales, pero ahora la vida cada vez pesa más y con el paso de los días se siente más cansado y sin poder salir adelante.

“Dejé de trabajar cuando se cayó ella, ahorita necesitamos pañales, toalla húmeda, papel sanitario y en veces alimento, porque mi hija trabaja pero se le hace muy pesado, mantenernos a mí y a mi esposo”.

“Con puras batallas pagamos el agua y la luz, el a veces sale, personas a quienes les hice trabajos me ayudan con 50 o 100 pesos, pero no siempre nos dan” comentó.

Por fortuna la casa donde habitan es propia, no pagan renta sin embargo cada mes se mortifican por la llegada del recibo de la luz o del agua.

“Tengo otra hija que vive en la Guerrero, ella viene tres veces a la semana a hacernos de comer, lo que puede traernos nos da, pero en sí mi viejo y yo estamos solos” comentó la ancianita.

Pidió a la población el poder auxiliarles en su situación, pues son personas vulnerables, que ya no pueden hacer más para obtener recurso económico.

“Quisiera poder trabajar pero ya no puedo ni caminar, mi viejo tampoco, ya estamos nada más a lo que nos apoyan nuestros hijos, pero ellos también se las ven duras”.