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Coahuila

Viviendo en la calle

Por Staff / La Voz - 24 septiembre, 2019 - 01:13 a.m.

Es muy probable que las razones por las que una persona abandona su hogar sean incomprensibles para la mayoría. Debe haber todo un proceso de reflexión mental, o al menos así debería ser, para elegir vivir en la calle.

Estas dos mujeres son vecinas, viven sobre la Av. Venustiano Carranza, una afuera de la Central de Autobuses y la otra de una mueblería. Su cama es la banqueta.

Entre ellas no se hablan, pero comparten una característica en común: vivir en la calle.

La otra mujer se llama Araceli y tiene 34 años. Ella dice que está esperando a que le terminen de construir su casa. Tiene dos fieles compañeros: Campanita y Robi.

La señora que vive afuera de la mueblería se llama María y tiene 58 años, tendida sobre unos periódicos cuenta cómo terminó ahí: esta es mi casa, no tengo nada más en esta ciudad, pero en unos días me voy a ir a mi rancho. Allá me están esperando mis hijos.

En un vaso de plástico tiene reunido el dinero que le han dado como limosna, donde ya completa el dinero del boleto de camión para irse a San B uena, donde dice que tiene su rancho. Cuando le pregunto cuándo planea irse se limita a decir que pronto.

La otra mujer se llama Araceli y tiene 34 años. Ella dice que está esperando a que le terminen de construir su casa. Tiene dos fieles compañeros: Campanita y Robi, dos perros pequeños que siempre la acompañan.

Dice ser de Monclova, y tiene ya 5 meses viviendo en la calle. Se queja del frío que ha tenido que pasar durante este tiempo “y lo que me espera” comenta. No puede trabajar ya que tiene los pies lastimados debido a problemas de circulación.

Tiene familia pero perdió comunicación con ellos. Espera que su casa esté lista en los próximos días, aunque se contradice al decir que en realidad no tiene hogar ni dinero.

Sería una mentira decir que la economía en nuestra ciudad está bien cuando dos mujeres se encuentran viviendo en situaciones deplorables y corren peligro solas durante la noche. Además de compartir la calle también comparten la soledad y el abandono.

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