Durante el enamoramiento, el cerebro genera una serie de sustancias químicas similares a las drogas y pone a trabajar su sistema de neurotransmisores a niveles cercanos a la “locura” -trastorno o perturbación patológica de las facultades mentales.
Cuando una persona se enamora aparece la feniletilamina, y tanto el hombre como la mujer incrementan sus niveles de dopamina, noreprinafina (adrenalina), y oxitocina, neurotransmisores que pueden crear una forma alterada de la realidad, explicó Roberto Longinos, director del hospital general de Zona 11 del IMSS.
Estas sustancias son similares a las drogas, se asocian al placer y generan un “coctel” capaz de modificar de manera temporal la conducta de una persona.
La feniletilamina es una sustancia que el cerebro fabrica para estimular el sistema nervioso, en el enamoramiento se elevan los niveles de producción y el cuerpo responde con secreción de dopamina, que es el neurotransmisor que produce las sensaciones del placer. La noreprinafina (adrenalina) juega un papel importante en el estado de alerta y en las emociones, mientras que la oxitocina funciona como un mensajero químico del deseo sexual y se segrega en grandes cantidades durante el orgasmo, detalló el médico.
Cuándo surge el amor, estos neurotransmisores comienzan a trabajar en forma elevada y dan lugar a los típicos arrebatos sentimentales, que llevan a la persona a hacer cosas que en otra circunstancia no haría.
Una vez que pasa la fase de amor y que decaen los niveles de producción de feniletilamina, puede ocurrir la separación o el ingreso de la pareja a la etapa del apego, en la cual se generan endorfinas, que permiten mantener tranquilos al hombre y a la mujer, pero ya sin ese sobresalto inicial y sin esa pasión que antes los unía.
Las endorfinas son compuestos segregados por el cuerpo con estructura química similar a la morfina y otros opiáceos. Esta sensación de sosiego pasa a formar parte de la etapa del apego y seguridad.
En este periodo, lo más sano es evitar el “apego forzado”, que en ocasiones ocurre por razones económicas o sociales. Lo óptimo es transitar a un apego consentido, en el que ambas partes estén interesadas en continuar y alimentar la relación.
Algunas opciones para favorecer el apego son ofrecer a la pareja tiempo de calidad, por ejemplo viajar o acudir a alguna clase juntos. Buscar espacios para convivir de manera armónica y aprender cosas nuevas en pareja permite que se sigan generando endorfinas y que la relación perdure, concluye.