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Coahuila

El drama, en primera persona

Por Mario Meza Cedillo - 04 abril, 2019 - 08:54 p.m.

Era 4 de abril de 2004. Poco después de las 18:00 horas se difundió por radio un mensaje dirigido a todos los agentes de la Policía Preventiva Municipal para que se concentraran en el lugar conocido como “Pico del Águila”, a la altura de la colonia Villas del Carmen, donde se estaba presentando una enorme creciente del Río Escondido.

Me dirigí hasta dicho punto en un vehículo de Periódico LA VOZ para cubrir la nota como reportero de la fuente policiaca.

Llegué, y desde la parte alta se podía observar una enorme cantidad de agua que venía arrastrando muebles, animales, árboles y demás.

En eso escuchamos varios policías y yo gritos de auxilio en la parte baja del cerro donde se encontraban varios ranchos, por lo que me dirigí ahí junto con un responsable de turno de la Municipal.

Al llegar a la parte baja, ya no encontramos a nadie; el nivel del agua comenzó a subir mientras oscurecía, por lo que decidimos regresar, pero ya no pudimos escalar el cerro.

Caminando avanzamos varios kilómetros hasta retornar al lugar donde estaban los demás policías y compañeros de algunos medios de comunicación.

Después se reportó que estaban cayendo postes de energía eléctrica sobre el bulevar “López Portillo” a la altura del “Laguito Mexicano”, por lo que era necesario cerrar el paso a la circulación.

Me trasladé y a distancia prudente pude observar cómo los postes empezaban a caer uno tras otro, y los cables de energía eléctrica reventándose y haciendo cortocircuito.

Fue cuando la inundación empezó a registrarse en el sector Villa de Fuente, pues el Río Escondido ya se había desbordado.

Inmediatamente me dirigía al lugar para tomar fotografías del momento en que elementos de la Policía Municipal y Bomberos ayudaban a sacar a habitantes de la parte baja del sector.

Venían caminando hacia la calle Mina para subirlos a las patrullas pick up y evacuarlos.

Sin embargo, el agua subió de nivel en cuestión de minutos, al grado de llegar hasta el pecho de todos los que estábamos en dicha zona. No tuvimos otra opción que salir de inmediato.

Muchos habitantes del sector Villa de Fuente a bordo de vehículos pretendían salir, pero todos circulaban a vuelta de rueda sobre la calle Morelos.

Era un auténtico caos y solamente observaba como personas pasaban corriendo abandonando sus casas y sus vehículos mientras otras gritaban “¡ya viene el agua!”.

Fueron momentos de desesperación, por lo que tuve que salir a como diera lugar del sector Villa de Fuente mientras que muchos habitantes y compañeros de otros medios de comunicación se quedaron en la plaza principal para después refugiarse en la iglesia, de la que entonces era párroco el padre Carlos Aguilera.

La noche cayó y autoridades de las diferentes corporaciones policiacas y cuerpos de emergencia restringieron el ingreso a Villa de Fuente, ya que el nivel del agua era impresionante.

Fue necesario utilizar un helicóptero del Gobierno del Estado para rescatar a familias enteras que estaban en los techos de sus casas y en árboles. El helicóptero no era suficiente.

La noche transcurría lentamente y muchas personas en otros puntos de la ciudad esperaban noticias de familiares o que bajara el nivel del agua para regresar a sus casas inundadas.

En la madrugada del 5 de abril el nivel del agua bajaba lentamente, mientras que las autoridades permanecían resguardando el área para evitar el paso de personas.

Ya entrada la mañana bajó aún más el nivel del agua, que ya había arrasado con casi todo Villa de Fuente.

El grado de destrucción fue enorme, con todo tipo de edificaciones y un gran número de vehículos destruidos.

Horas después comenzaron a emerger de las aguas los cuerpos de quienes no lograron salir a tiempo.

Los sucesos infaustos de aquel día marcaron mi vida, y a pesar del dolor ajeno que me tocó observar, sigo trabajando en Periódico LA VOZ, ejerciendo mi oficio, sin olvidar la tragedia.

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