MELCHOR MÚZQUIZ, COAH.- “Qué mis cenizas sean esparcidas en la sierra y el río” esta fue la última voluntad de Ángel Maldonado Robles a quien cariñosamente le decían “El Alacrán” y quien fuera bombero del Municipio de Múzquiz por espacio de 40 años y perdió la batalla contra la diabetes.
La diabetes lo doblegó.
Ayer Ángel murió dejando una onda pena en su familia, amigos y compañeros de la Unidad de Bomberos y Rescatistas de Múzquiz antes “Bomberos Voluntarios”.
Fue en el año de 1980 cuando el muzquense ingresó a la base de bomberos con un único objetivo servir a toda la comunidad sin distinción alguna y siempre dispuesto a combatir al enemigo número uno de los bomberos, el fuego.
Combatió múltiples incendios a casa-habitación, pastizales, vehículos y las deflagraciones forestales que en el año 2011 se registraron en la serranía de Múzquiz cerca del rancho Cimarrón que en aquella ocasión dio muerte a cientos de animales, así como la pérdida de flora, siniestrándose un número considerable de hectáreas de bosque.
Dio muestra de su enseñanza a las nuevas generaciones de bomberos.
“Siempre en alerta, siempre dispuesto” era su lema, con el paso de los años Ángel laboró también en la dirección de ecología Municipal desazolvando acequias y retirando arboles de las avenidas cuando se presentaba clima extremoso, acompañado siempre de Armando López Guerrero de quien decía era su gran amigo por siempre estar ahí brindándole ánimo para seguir adelante y apoyarlo en lo que fuera necesario a raíz de la enfermedad que lo aquejaba al padecer de diabetes mellitus.
A pesar de su enfermedad, siempre fue miembro activo de la base de bomberos además de laborar como guía para una empresa privada trasladando a la sierra Santa Rosa a personas extranjeras que se dedicaban a explorar.
Ángel Maldonado pasó sus últimos días en su hogar ubicado sobre la calle Cruz Maltos entre Patricio H. Ruiz y Niños Héroes del Barrio La Nogalera.
Se ha ido un grande de la base de Bomberos y Rescatistas de Múzquiz.
Fue su hermano Mario quien lo cuidó en vida al mermar su salud, no obstante, El Alacrán siempre alegre y de buen ánimo convivía con sus amistades recordando aquellos ayeres cuando tomaba entre sus manos la manguera de la bombera B1 para apagar las llamas del fuego que abrazaba en segundos lo que estaba a su paso.
Subir a dicha unidad era su pasión, estar frente al volante siempre con esa determinación, entrega y responsabilidad lo hacía diferente al resto de los apagafuegos, siempre dando instrucciones precisar para poner a salvo a las personas que estaban en peligro.
Cuando muera Armando decía, quiero que me cremen y que mis cenizas sean esparcidas en el Río Sabinas que tanto amo y en la Sierra Santa Rosa que sobrevolé por varios años.
Hoy los bomberos del Municipio de Múzquiz rinden tributo a quien dejó sus años en la base de bomberos, a quien dejó parte de su historia con anécdotas alegres algunas otras tristes y reflexivas, Hoy Ángel está en un mejor lugar, su misión en esta tierra terminó.